Este Watteau, un crack francés, le dio su propio toque al Rococó. Pura escena galante y fiesta, ¿sabes?

Nació en 1684. Su padre era textil, pero él, a pintar. En 1702 se fue a París. Detalle: odiaba los retratos.

Callado y sin contactos, pero muy listo. Amaba música, teatro. De volver a Valenciennes, ni hablar. Su maestro Gillot fue clave.

En 1717, la Academia lo admitió con su 'Peregrinación a Citera'. Su ascenso fue fulgurante, como un cohete.

La tuberculosis se lo llevó joven, a los 36. Pero nos dejó un Rococó inconfundible: elegante, ligero y sensual. Un genio total.

Esto es solo un pedacito. La vida y obra de Watteau dan para mucho más. Haz clic y alucina con su arte.

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