La Persistencia de la Memoria es una obra maestra de Salvador Dalí, sin duda, una de las obras más trascendentales y memorables del genio catalán.

Pintada en 1931, esta obra nos sumerge en un paisaje onírico, tan característico de Dalí, con las imponentes rocas del Cabo Creus en el horizonte derecho.

La inspiración para los relojes blandos vino de un simple trozo de queso Camembert que Dalí contempló mientras compartía estudio con su amada esposa Gala.

Los relojes derretidos son la manifestación de una obsesión, una vía de escape que Dalí empleó para desvelar la insignificancia de la rigidez temporal.

La presencia de hormigas en la obra simboliza la descomposición, la efímera naturaleza de la existencia, y el tiempo que se vuelve comestible.

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