Escher no solo jugaba con la vista. Sus obras te hacían pensar, ¿sabes? Bien profundo.

Para "El color de los ojos", se dibujó a sí mismo, ahí, en el reflejo de un ojo. Y le metió un cráneo.

Su idea era clara: "Todos enfrentamos la muerte, nos guste o no". Así, sin adornos.

"Tres Mundos" es una locura. ¿Árboles reflejados, superficie y un pez gigante en primer plano? Qué visionario.

"Límite Circular IV": ángeles y demonios girando, haciéndose pequeños, alternando cielo e infierno. Brutal.

¿Sabías que Escher, con esto, tocaba los fractales? Hay más detalles increíbles. ¡Entra y lee el artículo completo!

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