Aquí tienes el 'Número 1A, 1948' de Jackson Pollock. Una pintura que cambió las reglas del juego.

Olvídate de los pinceles. Él solo goteaba y salpicaba la pintura directo. Un torbellino visual.

Imagina esto: Pollock en el suelo, bailando sobre un lienzo gigante, tirando pintura sin parar. Pura 'action painting'.

Para colmo, hay hasta huellas de sus manos. Una firma personalísima que gritaba: ¡Yo soy Pollock!

Por eso solo le puso un número. Su esposa dijo que era para que vieras la 'pintura pura'. Sin más cuentos.

Pero, ¿sabes? Esta obra maestra tardó en venderse. ¿Quieres saber la historia completa? Pica aquí.

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