En los 90, Niemeyer no paraba. Hizo el MAC de Niterói y hasta su propia fundación. Una locura.

En 2004, le dieron el Praemium Imperiale. Un premio gordo de Japón que lo puso arriba de todo.

Pasó los 100 y le criticaban, pero él seguía a tope. A los 103, en su oficina diseñando. ¡Un crack!

Se casó con Annita, tuvo una hija y cinco nietos. Después, viudo, se volvió a casar. Una vida intensa.

Murió con 104 años, dejando un legado brutal. Sus curvas y líneas naturales están en cada obra.

“La curva es lo que hace que el concreto busque el infinito”, dijo. ¿Quieres ver sus obras maestras?

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