Mario Quintana
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Mario Quintana

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Arthur

Curadoria Histórica

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Mario Quintana fue un poeta, cronista y traductor brasileño de una estatura imponente.

Se le reconoce, sin ambages, como una de las voces poéticas más cruciales del siglo XX en Brasil.

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Su estilo lírico, capaz de atrapar el alma de la vida cotidiana en sus versos, lo elevó sobremanera.

Él mismo lo sentenció:

"Mi vida está en mis poemas,
mis poemas soy yo mismo,
nunca escribí una coma
que no fuese una confesión."

Mario Quintana vio la luz en Rio Grande do Sul, en la ciudad de Alegrete, un 30 de julio de 1906.

Tal como él mismo legó en sus escritos, llegó prematuramente al mundo en pleno invierno austral, con una temperatura gélida de apenas un grado. Una circunstancia que, decía, lo dejó acomplejado, pues sentía que aún no estaba a punto.

Quintana se forjó en una familia de clase media del sur de Brasil, revelando su temprana pasión por las letras desde la cuna.

Su debut literario fue en 1940, con la publicación de su ópera prima poética, “A Rua dos Cataventos”. Una obra que, de inmediato, cautivó a la crítica y le granjeó un lugar de honor como poeta.

A lo largo de su fecunda carrera, alumbró incontables volúmenes de poesía. Entre ellos, brillan con luz propia “Canções” (1946), “Sapato Florido” (1948) y “Espelho Mágico” (1951), por nombrar solo algunos.

Sus poemas son un crisol donde se funden la cotidianidad más pura, la nostalgia que nos habita, la inocencia de la infancia y una profunda reflexión sobre la vida misma.

Pero su genio no se confinó a la poesía; Mario Quintana también deslumbró como cronista y traductor.

Sus crónicas, esparcidas por incontables periódicos y revistas, le valieron una legión de lectores fieles, seducidos por su estilo ágil y entrañable.

Y con la misma maestría, se zambulló en la traducción de obras literarias, un puente que tendió entre los lectores brasileños y plumas foráneas de la talla de William Faulkner y Marcel Proust.

En su faceta de traductor, Quintana legó al portugués trabajos de vital envergadura, entre los que sobresalen la monumental “En Busca del Tiempo Perdido” de Marcel Proust y la magistral “Mrs. Dalloway” de Virginia Woolf.

Mario Quintana fue merecedor, a lo largo de su periplo vital, de un sinfín de galardones.

No podemos obviar que, por tres veces, el poeta se postuló a un sitial en la augusta Academia Brasileña de Letras. Por desgracia, la silla nunca fue suya.

Por ello, cuando la invitación llegó por cuarta vez, la rechazó. Incluso cuando la unanimidad en torno a su nombre parecía un hecho ineludible.

Quintana echó raíces en Porto Alegre, su hogar, donde también fungió como funcionario en la Biblioteca Pública del Estado de Rio Grande do Sul.

Su existencia y su devoción por los detalles más nimios de lo cotidiano se destilan en cada verso. Con su estilo inimitable y su don para hallar la belleza en lo simple, se alzó como uno de los poetas más entrañables de Brasil.

Mario Quintana jamás conoció el matrimonio ni la paternidad.

Partió de este mundo en la capital gaucha, Porto Alegre, un 5 de mayo de 1994, legando a Brasil un caudal inmenso: un patrimonio literario de incalculable valor.

Sus restos mortales reposan en el Cementerio de São Miguel, enclavado en Porto Alegre.

El año 2006, con el centenario de su natalicio, fue testigo de innumerables homenajes en su memoria.

Su poesía, faro incesante, encendió a generaciones de poetas y sigue siendo un manantial inagotable de inspiración para quienes osan desentrañar la belleza oculta en lo cotidiano.

Uno de sus poemas más leídos y escudriñados, susurra verdades sobre el tiempo y la existencia misma.

Se integra en la obra ‘Esconderijos do Tempo’, que vio la luz en 1980.

Lo compuso cuando el autor ya había franqueado la barrera de los setenta años.

Una síntesis magistral de su visión madura y de la inexorable marcha del tiempo: el reloj no se detiene, el tiempo vuela.

De ese poema, rescatamos un fragmento esencial que nos permite comprender por qué muchos lo bautizaron como “Seiscentos e Sessenta e Seis”

"Cuando uno se da cuenta, ya son las 6: hay tiempo...

Cuando uno se da cuenta, ya es viernes...

Cuando uno se da cuenta, ¡ya han pasado 60 años!"

Mario Quintana, el poeta inigualable
El Tiempo (adaptado). Mario Quintana
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