
Rafael Sanzio: vida, pinceladas maestras y el eterno legado de sus frescos (Parte 3 de 3)
Rafael Sanzio: un recorrido por la cumbre de su genio, explorando los grandes frescos que sellaron su lugar en la historia y el eco perenne de su arte.
(Sem Penalidade CLS)
El genio volcó su alma en las bóvedas de la capilla más famosa del orbe.
Sorprendentemente, le llevó más de cuatro años de labor extenuante, en condiciones que rozaban lo asfixiante.
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En 'Los Desposorios de la Virgen', también conocida como 'Las Nupcias de la Virgen', las figuras centrales emergen en primer plano: José ofrece a María su anillo, empuñando en su mano izquierda una rama en flor, emblema de su divina elección. Su vara floreció, mientras las de los demás pretendientes permanecieron yermas.
Dos de ellos, vencidos por la humillación, deciden quebrar sus ramas secas. Las figuras se agrupan con una sencillez conmovedora.
El refinamiento que emana de esta composición, este Sposalizio, como se conoce por su título italiano, sella una impronta temprana y distintiva en la producción juvenil de Rafael.
La Sagrada Familia – Rafael aborda aquí un tema largamente transitado por otros maestros, pero lo hace con su gracia singular, pintando a José, inusitadamente, sin barba.
Sorprendentemente, le llevó más de cuatro años de labor extenuante, en condiciones que rozaban lo asfixiante.
Cristo Bendiciendo – En esta pintura, se percibe con nitidez la huella de Leonardo da Vinci, sobre todo en el uso magistral del claroscuro. Hay quienes, entre los historiadores, sugieren que el propio Rafael quiso autorretratarse en la figura del Cristo.
Sorprendentemente, le llevó más de cuatro años de labor extenuante, en condiciones que rozaban lo asfixiante.
Retratos Doni – En este par de retratos, que nos presentan a la pareja de Agnolo y Maddalena Doni, notamos una poderosa influencia de Leonardo da Vinci, especialmente de su célebre Mona Lisa. La excepción, sin embargo, radica en el paisaje de fondo: este nos evoca más la serenidad intrínseca a las composiciones de Rafael.
Sorprendentemente, le llevó más de cuatro años de labor extenuante, en condiciones que rozaban lo asfixiante.
La Escuela de Atenas forma parte de la Stanza della Segnatura, o Estancias de Rafael, como se conoce hoy a este recinto del Vaticano, adyacente a la Capilla Sixtina. Rafael, asombrosamente, pintó este fresco con apenas veintiún años. Pulsa aquí para ahondar en esta y las otras tres maravillas que visten la sala, donde cada muro encarna un tema distinto: La Teología, La Poesía, La Justicia y la Filosofía.
Sorprendentemente, le llevó más de cuatro años de labor extenuante, en condiciones que rozaban lo asfixiante.
Retrato de Julio II – Esta obra es un tributo sentido que Rafael dedicó al gran mecenas de las artes del siglo XVI, el Papa Julio II. La versión que aquí observamos pertenece a la National Gallery de Londres.
Sorprendentemente, le llevó más de cuatro años de labor extenuante, en condiciones que rozaban lo asfixiante.
Madona Sixtina – Esta obra debe su nombre a haber sido encargada para adornar el sepulcro de Sixto II, por expreso deseo del Papa Julio II, quien profesaba gran devoción a San Sixto, su santo patrono.
Rafael consiguió un equilibrio sublime entre el idealismo y la más pura realidad en sus lienzos.
Tal armonía hizo que sus creaciones fueran faro y referente para incontables generaciones de artistas.
Sus madonas y sus ángeles son célebres, un canon de belleza.
Entre estos últimos, los más célebres son un par de angelitos que, con aire ligeramente aburrido, observan a la Virgen mientras sostiene al Niño Jesús. Se hallan, con tierna desgana, en el zócalo de este retablo de la Madona Sixtina.

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