
Retrato de Vincent van Gogh por Toulouse-Lautrec
Retrato de Vincent van Gogh por Toulouse-Lautrec
(Sem Penalidade CLS)
Índice do Artigo
El retrato de Vincent van Gogh, magistralmente concebido por Henri de Toulouse-Lautrec, se erige como una obra singular que atrapa, con una destreza asombrosa, la esencia misma y la personalidad arrolladora del célebre pintor holandés.
Creado en 1887, este lienzo nos desvela a un Van Gogh de perfil, con su inconfundible barba rojiza y una mirada, ¡ay!, tan profundamente penetrante que parece hurgar en el alma.
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Toulouse-Lautrec, un maestro indiscutible en la tarea de desnudar la humanidad y la individualidad de cada modelo, logró, con un pulso firme y una sensibilidad exquisita, plasmar la intensidad volcánica que habitaba en Van Gogh, todo ello a través de pinceladas audaces y una paleta cromática vibrante, rebosante de expresividad.
Este retrato no es, ni mucho menos, una mera representación visual del artista; es, en verdad, una ventana abierta de par en par a su alma atormentada y, por qué no decirlo, a la deslumbrante genialidad que bullía en su interior.
Una Amistad entre Pinceles y Almas
Van Gogh solía peregrinar, con una regularidad casi ritual, al estudio de Toulouse-Lautrec en la Rue Caulincourt de París, a la vuelta de la esquina del modesto apartamento que compartía con su hermano Theo, siempre con la ilusión de mostrar sus últimos trabajos.
Fue Theo van Gogh, su leal hermano y marchante, quien, valiente y visionario, se convirtió en el primer galerista en exhibir con constancia la obra, aún emergente, de Toulouse-Lautrec.
Durante dos años intensos, compartieron caballetes y exposiciones, tejiendo una red de influencias mutuas que marcó profundamente sus respectivos trabajos.
Sin embargo, en febrero de 1888, por una suerte de destino o tal vez por el sabio consejo de Lautrec, Van Gogh decide emprender un nuevo rumbo hacia el sur de Francia.
Esta pieza, tan íntima, del francés Henri de Toulouse-Lautrec, no es sino un conmovedor retrato de Vincent van Gogh, plasmado justo en aquellos días parisinos en que ambos genios, recién conocidos en la bulliciosa París, apenas comenzaban a deslumbrar con el fulgor de carreras tan brillantes como, por desgracia, efímeras.
Título: Retrato de Vincent
Autor: Henri de Toulouse-Lautrec
Año: 1887
Técnica: Tiza sobre Papel
Dimensiones: 54,2 x 46 cm
Ubicación: Museo Van Gogh, Ámsterdam
Según las memorias del artista Paul Signac, Vincent solía rematar sus jornadas en el bar, un refugio donde, incansable, consumía absenta y coñac, una tras otra. El propio Van Gogh confesaría más tarde ser "casi un alcohólico" al marchar hacia Arlés, en el sur de Francia. Así, Toulouse-Lautrec tenía motivos de sobra para inmortalizar a su amigo sentado a una mesa, con un vaso de absenta como silencioso compañero.
El pintor francés conoció a Van Gogh, diez años mayor que él, en el efervescente estudio de Fernand Cormon, aquel crisol de talentos donde ambos se formaban, absorbían lecciones y buscaban su voz.
Es más que probable que trabajaran codo con codo, con una intensidad febril, durante una buena temporada, pues el estilo y la técnica de sus pinturas de aquel periodo revelan una semejanza asombrosa.
Y fue por mediación de Émile Bernard que Van Gogh estrechó lazos con Henri y con Louis Anquetin, a quien, por cierto, también había conocido en el efervescente estudio de Cormon.
Van Gogh solía acudir con asiduidad al estudio de Toulouse-Lautrec en la Rue Caulincourt de París, a tiro de piedra del piso de los hermanos Vincent y Theo, para exhibir sus creaciones. De hecho, Theo van Gogh fue pionero, siendo el primer marchante de arte en mostrar de forma constante la obra de Toulouse-Lautrec.
Durante un par de años, sus caminos artísticos se entrelazaron: pintaron y expusieron juntos, forjando una influencia mutua innegable. Pero, en febrero de 1888, y tras el consejo de Lautrec, Van Gogh se trasladó al cálido sur de Francia. Volverían a coincidir un día más, en julio de 1890, durante la última y melancólica visita de Van Gogh a París.
Pero la historia nos reserva un detalle, cuando menos, peculiar: Van Gogh frecuentaba con devoción el estudio de Toulouse-Lautrec en la Rue Caulincourt de París, que se hallaba a la vuelta de la esquina del hogar de los hermanos Vincent y Theo, siempre llevando consigo nuevas obras para compartir.
Esta pieza, tan íntima, del francés Henri de Toulouse-Lautrec, no es sino un conmovedor retrato de Vincent van Gogh, plasmado justo en aquellos días parisinos en que ambos genios, recién conocidos en la bulliciosa París, apenas comenzaban a deslumbrar con el fulgor de carreras tan brillantes como, por desgracia, efímeras.
Título: Retrato de Vincent
Autor: Henri de Toulouse-Lautrec
Año: 1887
Técnica: Tiza sobre Papel
Dimensiones: 54,2 x 46 cm
Ubicación: Museo Van Gogh, Ámsterdam
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