
Yayoi Kusama: Vida y Obra. Calabazas: un universo de diversidad artística
Yayoi Kusama: Vida y Obra. Calabazas: un universo de diversidad artística
(Sem Penalidade CLS)
El encanto de Yayoi Kusama por las calabazas...
En Japón, las conocemos como Kabocha. Para Kusama, estas calabazas significan algo más. Son imágenes positivas, un trozo de alegría arrancado a su infancia, tan turbulenta, en Matsumoto. Por ello, es lícito afirmar que su presencia constante en la obra es un eco de esas primeras memorias.
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Aparecieron por primera vez en su obra en 1946, durante una exposición itinerante también en Matsumoto.
Después de aquella muestra, las calabazas se ausentaron. No reaparecerían en su arte hasta los años setenta.
Fue en la década de 1980 cuando Kusama las reintrodujo. Las vimos en sus dibujos y pinturas, adornadas con esos motivos puntillados tan suyos. También en grabados. Y, crucialmente, en su instalación 'Mirror Room' (Sala de los Espejos), creada en 1991.
Más tarde, esta misma pieza viajó al Pabellón Japonés de la Bienal de Venecia en 1993. Allí, la artista regaló pequeñas calabazas a los visitantes. Un gesto memorable, sin duda.

Su motivo distintivo, el omnipresente uso de calabazas, ha permitido a Kusama forjar una declaración artística inconfundible. Es lo que la ayudó a cimentar su leyenda, a ser una de las grandes figuras de la Historia del Arte.
Con más de noventa años, sigue incansable. Ningún indicio de desaceleración. Es un verdadero testimonio de su influencia, de su fulgor creativo.




Kusama se mueve entre un sinfín de modalidades artísticas: pintura, collage, escultura, vídeo, performance, instalación, moda, literatura, música. Un torbellino creativo.
Sus patrones, repletos de puntos, cubren las superficies con una repetición incansable. El objetivo, siempre, es sobrecargar los sentidos, crear una experiencia inmersiva.
Los espejos: trampas vertiginosas que duplican nuestra mirada, nos invitan a perdernos.


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