Jean-Baptiste Debret
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Jean-Baptiste Debret

Un vistazo íntimo a la trayectoria de Jean-Baptiste Debret, el pintor francés que, tras años en la corte, se dejó seducir por el vibrante Brasil del siglo XIX. Su arte, una ventana a una época y una cultura.

A

Arthur

Curadoria Histórica

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Debret fue un pintor y dibujante francés, pieza clave de la primera generación de la Academia Imperial de Bellas Artes (AIBA) de Río de Janeiro. Allí residió y trabajó durante quince años.

Nació el 18 de abril de 1768 en París, Francia.

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En 1785, Debret dio sus primeros pasos artísticos en París, un tiempo en que el Neoclasicismo reinaba en las artes.

Comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París en 1786. Luego, se formó y colaboró en el taller del célebre pintor Jacques-Louis David.

David, por cierto, fue un puntal de la estética neoclásica, un auténtico artífice de su corriente testimonial.

Siguiendo la senda de su maestro, Debret se forjó como pintor de escenas históricas.

En 1791, Debret obtuvo el codiciado Gran Premio de Roma.

Al despuntar el siglo XIX, sus pinceles plasmaban con regularidad grandes lienzos de temática napoleónica.

Corría el año 1816. El rey de Portugal, Don Juan VI, extendió una invitación a Debret para que se trasladara a Río de Janeiro. ¿Su misión? Enseñar arte y concebir piezas para la corte lusa.

Debret figuró entre los miembros más destacados de la Misión Artística Francesa en Brasil, bajo el liderazgo de Joachim Lebreton.

Dicha misión, por cierto, también incluyó al arquitecto Charles-Simon Pradier, al paisajista Nicolas-Antonine Taunay, y a su hermano, el escultor Auguste Marie Taunay.

Durante su estancia en Brasil, Debret viajó incansablemente. Fruto de ello, una serie de dibujos y acuarelas capturaron la vida y la esencia de la cultura brasileña.

Como pintor de la corte, ejecutó imponentes lienzos. Pensemos, por ejemplo, en 'El Desembarco de Doña Leopoldina', la primera Emperatriz de Brasil.

En esa obra, enmarcó su llegada con una arcada arquitectónica. La escena nos la muestra rodeada por una multitud de militares y miembros de la aristocracia.

En 1817, retrató a Don Juan VI. Su obra, un eco de los retratos de Napoleón Bonaparte, mezclaba simbolismo militar e imperial con maestría.

Retrato de Don Juan VI, obra de Jean-Baptiste Debret

Más allá de su faceta artística, Debret jugó un rol crucial en el florecimiento de la educación y la cultura brasileñas.

Fue cofundador de la Academia Imperial de Bellas Artes de Río de Janeiro y ejerció como profesor en la institución durante largos años.

El año 1826 lo vio convertirse en el alma misma de la Academia de Bellas Artes.

Fue entonces, mientras adquiría un conocimiento cada vez más profundo de los desafíos y las reformas del país, cuando su visión de la realidad brasileña se tornó nítida.

Debret, sin reparos, dialogó con monarcas, ministros, políticos. Y, a la par, acogió a estudiantes de diversos rincones del país. Estos le desvelaron detalles de regiones que él no conocía, pero que, a la postre, podría plasmar en su libro.

Debret regresó a Francia en 1831. Allí, siguió produciendo y ejerciendo de embajador de la cultura brasileña en Europa.

A lo largo de aquel periodo, y hasta el final de la década, Debret dio a la luz un libro ilustrado. Contenía 220 grabados en 151 láminas y descripciones pormenorizadas de los sucesos que había presenciado.

Fueron tres volúmenes, bajo el título de Voyage pittoresque et historique au Brésil (Viaje pintoresco e histórico a Brasil).

En ellos, consignó sus a veces sardónicas observaciones sobre la vida urbana y rural brasileña.

Retrató tanto a las clases altas como a las más humildes del país, sin olvidar a sus pueblos originarios.

Para el artista y escritor, urgía ilustrar los usos y costumbres de Brasil. Así, no quedaría sombra de duda sobre el avance civilizatorio impulsado por la familia imperial.

Acuarela de Debret que retrata la vida cotidiana en el Brasil del siglo XIX

En Europa, Debret apenas retocó las acuarelas que había pintado en Brasil durante su estancia.

Enfrascado en su proyecto brasileño, realizó una minuciosa selección del material. Escogió aquello que le interesaba para respaldar su visión del futuro del país y, de paso, difundir sus ideas.

Sus acuarelas se convirtieron en litografías, un vehículo para dar a conocer al mundo ese Brasil que había aprendido a amar.

El imaginario urbano de Debret solía adentrarse en el día a día de los afrobrasileños. Un buen ejemplo, y de sus lienzos más célebres, es Escena de Carnaval: una mujer, portando una inmensa bandeja de frutas, huye de las arremetidas de un hombre. Mientras, los fiesteros disfrazados contemplan la escena.

Escena de Carnaval, una de las obras más célebres de Jean-Baptiste Debret

Así lo plasmó Debret, siempre ciñéndose al ritual de la Consagración y Coronación. Todo ello, por supuesto, regido por la Solemnidad del Pontífice Romano, quien dictaminaba con precisión y detalle las acciones que debían emprender tanto los miembros del clero presentes como el propio aspirante a Emperador.

Es así como, en un momento dado, justo después de la Unción (cuando el obispo pasaba los óleos de catecúmeno por su cabeza, manos y hombros), se estipulaba que “El Rey se dirigiese a su camerino, retirando el algodón colocado sobre los lugares ungidos, y mudando los ropajes por otros más solemnes”.

Coronación de Don Pedro I, según Jean-Baptiste Debret

Debret nos dejó a los 80 años. Fue el 28 de junio de 1848, en París.

Su paso dejó un importante legado artístico y cultural tanto en Brasil como en Francia.

GALERÍA

Pintura de Jean-Baptiste Debret que representa una escena histórica

Detalle de una obra de Jean-Baptiste Debret con elementos de la naturaleza brasileña

ANÁLISIS DE OBRA DE ARTE - La Coronación de D. Pedro I

Así lo plasmó Debret, siempre ciñéndose al ritual de la Consagración y Coronación. Todo ello, por supuesto, regido por la Solemnidad del Pontífice Romano, quien dictaminaba con precisión y detalle las acciones que debían emprender tanto los miembros del clero presentes como el propio aspirante a Emperador.

La coronación de Don Pedro I, detalle de la obra de Jean-Baptiste Debret

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