
Le Corbusier
Un recorrido íntimo por la vida y obra de Le Corbusier, desde sus primeros pasos hasta convertirse en el visionario arquitecto que redefinió la modernidad. Descubre su legado, su purismo y sus diseños icónicos.
(Sem Penalidade CLS)
Índice do Artigo
Le Corbusier, un pionero de la arquitectura moderna, pintor y agudo teórico, dejó una huella imborrable.
Fue una figura central, de hecho, entre los diseñadores que, con visión audaz, forjaron las bases de una arquitectura genuinamente moderna y vanguardista en el convulso periodo de entreguerras.
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Sorprendentemente, le tomó más de cuatro años de un trabajo casi asfixiante materializar ciertas visiones.
Charles-Édouard Jeanneret, como se le conoció en sus inicios, vio la luz el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds, Suiza.
Su padre ejercía el oficio de grabador y esmaltador de relojes; su madre, por otro lado, se dedicaba a la enseñanza de la música.
Con una clara visión para el futuro, lo alentaron a adentrarse en las artes decorativas, anhelando que siguiera sus pasos y se convirtiera también en grabador de cajas de reloj.
Así, en 1904, se matriculó en el Curso Superior de Artes Decorativas de la Escuela de Arte de La Chaux-de-Fonds.
Ya en 1905, Jeanneret, con apenas dieciocho años a cuestas, esbozó su primera obra: la Villa Fallet, un pintoresco chalé de madera en la montaña, adornado con un tejado empinado y patrones geométricos. El encargo procedía de Louis Fallet, grabador y miembro del consejo de la Escuela de Arte.
En 1907, el joven artista se trasladó a París, donde se puso a las órdenes de Auguste Perret, un arquitecto pionero en la audaz utilización del hormigón armado.
Un año después, en 1908, amplió sus horizontes, estudiando arquitectura con Josef Hoffman y colaborando durante seis meses con Peter Behrens.
Fue en 1910 cuando regresó a la Escuela de Arte de La Chaux-de-Fonds, esta vez para impartir clases durante el sombrío periodo de la Primera Guerra Mundial.
Entre 1914 y 1915, dedicó su tiempo a desarrollar una maqueta arquitectónica; un concepto con planta abierta, columnas esbeltas y paredes delgadas, todo en hormigón armado.
Aquellas teorías marcaron indeleblemente sus proyectos a lo largo de la década siguiente.
El año 1918 fue trascendental: conoció al pintor Amédée Ozenfant, y juntos dieron forma a un flamante movimiento artístico al que bautizaron Purismo.
De esa colaboración surgió la publicación del periódico purista L'Esprit Nouveau.
Fue precisamente en esta época cuando adoptó el pseudónimo profesional de Le Corbusier, nombre con el que no solo se le conoció, sino que, con el tiempo, se le rindió verdadero culto.
En 1922, Le Corbusier desveló un ambicioso plan de diseño urbano: los Edificios Villas.
Estos bloques habitacionales, tanto en sus Edificios Villas como en su posterior Villa Contemporánea, encarnaban su firme convicción de que la planificación arquitectónica moderna era capaz de elevar la calidad de vida de los ciudadanos.
Hacia finales de la década de 1920, sus servicios eran ya demandados a escala global, lo que lo llevó a emprender viajes. En 1929, visitó América del Sur, impartiendo conferencias en Brasil, Argentina y Uruguay.
Aquel mismo año, 1929, comenzó los trabajos en la Villa Savoye.
Esta residencia se erigió como un claro manifiesto de los célebres cinco puntos de la arquitectura de Le Corbusier, presentados al mundo en L'Esprit Nouveau.
La Villa Savoye es, además, una cúspide del estilo internacional, una corriente arquitectónica que abarcó y definió las décadas iniciales del movimiento moderno.
Para 1930, ya había adquirido la ciudadanía francesa y contraído matrimonio con Yvonne Gallis, modelo monegasca a quien conoció en 1922.
Fue en ese lapso cuando visitó la Unión Soviética y obtuvo el codiciado contrato para el edificio gubernamental Centrosoyuz en Moscú, el cual sería, a la postre, su única edificación en la URSS (aunque su influencia se extendió como consultor en varios proyectos de planificación urbana soviéticos).
En 1935, Le Corbusier nos legó una obra fundamental sobre urbanismo: La Ciudad Radiante.
A partir de 1945, cada uno de sus proyectos se cimentaría en el Modulor, un sistema de proporciones que, anclado en la Sección Áurea, se concebía a la escala de la figura humana.
Desde 1950, Le Corbusier no solo trazó la configuración general de la ciudad de Chandigarh, sino que también diseñó, con su sello distintivo, varios edificios administrativos: el parlamento, una universidad, el tribunal y hasta algunos muebles.
La vida de Le Corbusier se apagó de forma súbita el 27 de agosto de 1965, mientras nadaba en las aguas del Mediterráneo; al parecer, un ataque cardíaco lo sorprendió.
En aquel momento, se alojaba en su rústico Cabanon, una construcción que él mismo erigió como refugio estival en la apacible localidad costera de Roquebrune-Cap-Martin, al sureste de Francia.
Su despedida tuvo lugar en el patio del Louvre el 1 de septiembre, donde André Malraux, por entonces Ministro de Cultura francés, le rindió un emotivo tributo.
Más de cincuenta años después de su partida, Le Corbusier sigue siendo un catalizador; su obra e ideas aún ejercen una profunda influencia, tan capaz de inspirar como de levantar ampollas.
Sus intrincados lazos con la política y las profundas dimensiones sociológicas de su arquitectura, sumados a sus voluminosos registros y archivos, aseguran que seguirá siendo una fuente inagotable de debate por las próximas décadas.
PURISMO: Un capítulo aparte
En París, Le Corbusier abrió las puertas de su estudio en la rue de Belzunce, número 20.
Al año siguiente, su camino se cruzó con el de los pintores cubistas Pablo Picasso, Georges Braque, Juan Gris y Amédée Ozenfant.
Sería con Ozenfant con quien daría forma al movimiento pictórico denominado Purismo, cuyo nombre, sin duda, venía de la prístina pureza de las formas geométricas que caracterizaban los objetos retratados en sus obras, en su mayoría, bodegones.
Ese mismo 1918, ambos artistas presentaron sus creaciones en la Galerie Thomas de París, acompañados del manifiesto Après le Cubisme (Después del Cubismo), una punzante crítica al cubismo y al futurismo.
El purismo cobró aún más ímpetu en 1920 con el lanzamiento de su revista L'Esprit Nouveau, en cuya primera edición nuestro arquitecto adoptó su pseudónimo profesional: Le Corbusier, posiblemente un guiño a su abuelo materno, Lecorbesier.
El lustro de 1918 a 1922 fue un periodo de intensa dedicación a la pintura y a la difusión de sus ideas sobre arte y arquitectura a través de L'Esprit Nouveau.
Le Corbusier arrastraba problemas de visión desde hacía tiempo, y en 1918, la visión de uno de sus ojos se debilitó casi hasta la ceguera;
Por ello, solía bromear, afirmando que sus icónicas gafas de montura circular de cuerno, casi un sello distintivo, deberían haberle costado la mitad.
Poco a poco, tras 1920, permitió que la pintura pasara a un segundo plano ante su práctica arquitectónica, aunque, cabe recalcar, nunca abandonó el medio por completo.

Esta silla funde la pureza geométrica con las más exigentes necesidades ergonómicas. Para ello, se valió de la, por entonces, innovadora estructura tubular de acero, un material omnipresente en el mobiliario moderno de los años veinte y treinta. Su robusta base en forma de H y la elegante curvatura de la fina estructura tubular sostienen la superficie acolchada, ingeniosamente doblada dos veces para acunar mejor el cuerpo.
Una almohadilla cilíndrica, dispuesta en uno de sus extremos, sirve de cómodo apoyo para la cabeza.
La independencia estructural entre la base y el armazón de acero tubular permite múltiples grados de reclinación, subrayando así la multifuncionalidad de la silla y, por ende, su excepcional utilidad.
Fabricada por Thonet Freres en París, esta chaise longue se convirtió en un verdadero icono del diseño del siglo XX y, aún hoy, sigue siendo producida por la prestigiosa firma italiana Cassina.
ARQUITECTURA Y DISEÑO
El pabellón Esprit Nouveau (Nuevo Espíritu) se alzó como un rotundo manifiesto de sus ideas en torno a la arquitectura moderna.
Ilustraba su firme convicción de que la industria, mediante la estandarización necesaria para la producción en masa, era capaz de generar los edificios que la vida moderna reclamaba.
Su objetivo era desvelar "las transformaciones radicales y las libertades estructurales que nos permiten vislumbrar en la vivienda urbana", y a la vez, demostrar cómo "las confortables y elegantes unidades habitacionales, estas prácticas máquinas de habitar, pueden agruparse en largos bloques de apartamentos-villas."
Estas, a su vez, constituirían las unidades habitacionales primarias en sus ambiciosos esquemas urbanos, entre ellos la Ciudad Contemporánea para Tres Millones de Habitantes y su audaz Plan Voisin para París, ambos respaldados, al igual que el resto del pabellón, por un destacado fabricante de automóviles francés.

La Unidad de Habitación en Marsella representó el primer bloque residencial de gran envergadura que Le Corbusier tuvo la oportunidad de materializar.
Concebido como parte de un plan de reurbanización mucho más ambicioso, este proyecto anticipaba las soluciones que Le Corbusier soñaba para las zonas devastadas tras la Segunda Guerra Mundial.
Esta imponente construcción constituye la plasmación más acabada de la visión de Le Corbusier sobre la vivienda comunitaria, frecuentemente descrita, con acierto, como una "ciudad dentro de la ciudad".
La audaz experimentación de Le Corbusier con el hormigón, una influencia que calaría hondo en innumerables arquitectos de las décadas venideras, culminó en la corriente del diseño conocida como Brutalismo, una tendencia que tomó plena forma en la década de 1970.

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