
MARIA MARTINS, LA ESCULTORA DE LOS TRÓPICOS
María Martins, figura esencial del arte moderno brasileño, deslumbró con sus esculturas surrealistas y tropicales. Su obra, cargada de erotismo y mitología, fusionó la vanguardia con el alma de su tierra natal. Un viaje fascinante por la visión de una artista única.
(Sem Penalidade CLS)
Maria Martins, una creadora brasileña, dejó una huella inconfundible y pionera en la escena moderna, consolidándose como una de las escultoras más relevantes de su nación.
Vio la luz como Maria de Lourdes Martins Pereira de Souza un 7 de agosto de 1894, en Campanha, Minas Gerais, Brasil. Su andadura artística comenzó en 1926.
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Gracias a su matrimonio con el embajador Carlos Martins Pereira e Souza, la artista vivió en distintos rincones del mundo. Emprendió sus estudios de escultura en Bélgica, bajo la tutela de Jesper Oscar. Más tarde, entre 1939 y 1948, mientras residía en Estados Unidos, produjo allí una parte sustancial de su legado, granjeándose el aplauso y el reconocimiento en los círculos de vanguardia.

Es especialmente celebrada por su inmersión profunda en el surrealismo, corriente artística que brotó a principios del siglo XX, y que se distingue por la representación de imágenes fantásticas, casi de ensueño.
La artista se vinculó al surrealismo a través de su estrecha relación con el también creador Marcel Duchamp, a quien conoció en Nueva York durante la década de 1940. Este lazo, tan personal como creativo, marcó profundamente su obra. Sus esculturas, con frecuencia, anidaban elementos de erotismo y mitología, fusionando la figura humana con trazos abstractos y pura imaginación.

En 1947, la creadora tomó parte en la Exposición Internacional del Surrealismo, celebrada en París y orquestada por André Breton. Pese a su adscripción al surrealismo, Martins bebió también de su herencia brasileña, imprimiendo en su arte elementos de la cultura y el folclore de su tierra. Esculpió mitos amazónicos, dio vida a seres inspirados en las lianas que serpentean por las selvas tropicales; con el tiempo, forjó una mitología propia, un crisol de híbridos donde la naturaleza se fundía con lo humano, cincelando sin reservas la sexualidad femenina, con senos al descubierto o serpientes que se ceñían a los cuerpos.
En 1950, María regresó de forma definitiva a Brasil. Al año siguiente, la artista colaboró en la organización de la 1ª Bienal de São Paulo y, además, en la fundación del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro.
En 1956, la artista inauguró su última exposición individual precisamente en el museo que ayudó a levantar, el MAM-RJ. María Martins partió de este mundo en Río de Janeiro, el 27 de marzo de 1973; sus creaciones, no obstante, siguen exhibiéndose en galerías y museos alrededor del orbe. Su legado perdura, celebrado por su carácter rupturista e innovador.
Tras su fallecimiento, se sucedieron incontables exposiciones póstumas. Las más recientes incluyen la gran individual "Maria Martins - Metamorfoses", en 2013, en el Museu de Arte Moderna de São Paulo (MAM-SP); y en 2021-2022, el Museu de Arte de São Paulo (MASP) acogió la exposición "Maria Martins: deseo imaginante".
Sobre su creación, la artista musitó una vez: "El mundo es complicado y triste; es casi imposible que las personas se comprendan".
Entre sus piezas más icónicas figura la escultura Lo Imposible, una obra donde se entrelazan formas humanas y vegetales, ilustrando con maestría su singular acercamiento al surrealismo.
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