
Paul Cézanne: Obras Maestras y la Revolución Postimpresionista (Parte 2)
Paul Cézanne: Obras Maestras y la Revolución Postimpresionista (Parte 2)
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Cézanne visitó Médan varias veces, buscando a su amigo de infancia Émile Zola, quien se había mudado allí en 1878. Este cuadro, que en su día fue propiedad de Gauguin, se ejecutó con pinceladas diagonales; una suerte de crescendo dinámico en el lienzo.
Su estancia en casa del amigo permitió al artista aventurarse a trabajar al aire libre por los alrededores de Auvers. Sus visitas a Médan continuaron hasta 1886, año en que la relación con el escritor se rompió. Durante este periodo, donde primaron los paisajes, el pintor consolidó un estilo propio, distanciándose de la perspectiva generalizada entre los demás impresionistas. Mientras ellos apostaban por la aérea, Cézanne elegía la mirada frontal. Para él, colores y formas tenían igual peso en cada rincón del lienzo.
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La Villa de Médan se erige como uno de los parajes clave donde Cézanne inmortalizó sus paisajes.
Es destacable la relevancia que el pintor otorgó a las formas geométricas. El volumen surge de pinceladas sutiles, de esos tonos verdes y azules que insinúan, con maestría, el juego entre luz y sombra.

El Puente de Maincy, sin duda, figura entre las más célebres de sus paisajes.
Este motivo, que incluso cautivó a Caravaggio, fue objeto de estudio para Cézanne en cinco de sus lienzos sobre líneas y volúmenes. Aquí, la botella atrapa la luz, escinde el espacio en dos zonas simétricas y realza el contraste entre ambos jugadores.
Dato Curioso: La revista Super Interessante ha catalogado esta pintura de Cézanne como una de las más valiosas a nivel mundial.

Los Jugadores de Cartas representa uno de los hilos conductores más recurrentes en la obra de Cézanne.
La composición Los Castaños de Jas de Bouffan en Invierno, se cuenta entre las bellísimas estampas paisajísticas del pintor francés Paul Cézanne.
Nueve castaños, de troncos robustos y ramas entrelazadas, forjan un entramado magistral. A través de este, se divisa parte de la finca Jas de Bouffan –propiedad de la familia del artista–, una casa en la colina y, al fondo, la imponente montaña azulada que tanto amó.
Por la tonalidad del cielo, podemos inferir que se trata de un día invernal. De su paleta, el artista extrajo el pardo oscuro para los troncos, el verde que se expande por el prado, el azul de la montaña y el ocre que viste las casas.

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