Surrealismo, movimiento artístico: Orígenes, Fundamentos y Grandes Nombres
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Surrealismo, movimiento artístico: Orígenes, Fundamentos y Grandes Nombres

Surrealismo, movimiento artístico: Orígenes, Fundamentos y Grandes Nombres

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Arthur

Curadoria Histórica

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El Surrealismo, un movimiento artístico y literario, germinó a principios de los años 20 con el manifiesto del poeta André Breton.

En 1936, durante la Exposición Internacional Surrealista en Londres, el invitado estelar Salvador Dalí se presentó ante la audiencia ataviado de pies a cabeza con un traje de buzo anticuado; llevaba dos perros de tiro en una mano y un taco de billar en la otra. A mitad de su disertación, agobiado por la máscara de buceo, el genial artista español comenzó a asfixiarse, agitando los brazos desesperadamente. El público, impasible, creyó que sus gestos formaban parte de la excéntrica *performance*. La leyenda cuenta que el poeta surrealista David Gascoyne acudió al rescate de Dalí. Una vez recuperado, el pintor sentenció: "Solo quería demostrar que estaba buceando en lo más profundo de la mente humana". Dalí concluyó su discurso —y, para no defraudar, todas sus diapositivas se proyectaron, sin sorpresa alguna, del revés.

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Esta anécdota subraya los elementos más absurdos, maravillosamente sintetizados por Dalí, a quien la élite artística de principios del siglo XX consideraba poco menos que una broma. Sin embargo, el movimiento artístico era, en realidad, mucho más complejo de lo que suele creerse, abarcando un sinfín de áreas y perdurando desde 1924 hasta finales de 1966.

¿Qué es el surrealismo?

Fundado en París en 1924 por el poeta André Breton, el Surrealismo postulaba que la Ilustración —aquel influyente movimiento intelectual de los siglos XVII y XVIII que tanto ensalzaba la razón y el individualismo— había, en su afán, suprimido las capacidades más sublimes de la mente irracional e inconsciente. El gran objetivo del surrealismo era, sin miramientos, liberar el pensamiento, el lenguaje y la experiencia humana de las asfixiantes fronteras del racionalismo.

El surrealismo anhelaba trascender la mera representación realista de aquello que se ofrecía a la percepción común. Bajo la innegable influencia de la recién nacida disciplina de la psicanálisis, los surrealistas abrazaron técnicas como el análisis de los sueños para desvelar el intrincado funcionamiento inconsciente de la mente y los poderosos símbolos con los que este opera.

Breton, con su formación en medicina y psiquiatría, conocía a fondo los escritos psicanalíticos de Sigmund Freud. Le fascinaba, en particular, la idea de que la mente inconsciente —ese vasto generador de sueños— era la auténtica fuente de la creatividad artística. Como marxista devoto, Breton también soñaba con que el surrealismo se convirtiera en un movimiento revolucionario, capaz de emancipar las mentes de las masas del yugo racional de la sociedad. Pero, ¿cómo lograr semejante liberación de la mente humana?

El AUTOMATISMO —una práctica que evoca la asociación libre o, si se prefiere, un torrente de conciencia— brindó a los surrealistas el camino para forjar obras de arte directamente del inconsciente. El artista André Masson es un ejemplo temprano, magistral, de la pintura automática. Para iniciar su proceso, Masson tomó yeso, esa sustancia pegajosa empleada habitualmente para preparar lienzos, y la dejó caer con total libertad sobre la superficie de su tela. Luego, esparció arena sobre ella, permitiendo que los granos se adhirieran al yeso de forma fortuita, y garabateó y pintó alrededor, dando vida a una composición impactante. El resultado final de Masson nos confronta con dos peces prehistóricos, con mandíbulas que aún gotean sangre, batallando en el fango primordial: una inconsciente, visceral, demostración de la violencia inherente a la naturaleza misma.

Batalla de Peces. André Masson. 1926
Batalla de Peces. André Masson. 1926

Muchos surrealistas comprendieron que la representación fiel de la apariencia real de un objeto en el mundo físico podía, paradójicamente, evocar asociaciones más potentes en el espectador, revelando una realidad inconsciente mucho más profunda. Artistas de la talla de Salvador Dalí y el insigne pintor belga René Magritte, crearon visiones hiperrealistas y oníricas que se nos presentan como ventanas a un mundo extraño, más allá de la vigilia. La Clarividencia, de Magritte (1936), por ejemplo, donde un artista pinta un pájaro en pleno vuelo mientras su mirada se posa en un simple huevo sobre la mesa, nos sumerge en un paisaje de ensueño o en un estado alucinatorio puro.

Pinturas de Salvador Dalí
Pinturas de Salvador Dalí

Artistas clave

Si bien el Surrealismo se asocia, sin duda, con figuras tan extravagantes e irreverentes como Dalí, Breton supo reclutar a un vasto colectivo de artistas e intelectuales ya activos en París para que escribieran y exhibieran bajo su emblema. Recogiendo el guante de la tradición antiracional del Dadaísmo, el Surrealismo contó entre sus filas con figuras mayúsculas como: Tristan Tzara, Francis Picabia, André Masson, Jean Arp, Max Ernst y Marcel Duchamp.

En esta célebre pintura de Max Ernst, la composición nos revela una criatura de lo más amenazante; su forma dinámica domina por completo el lienzo, que se yergue contra el telón de fondo de un cielo ominoso. El propio título, al presentar esta figura como la encarnación de un ángel, se erige en un vibrante triunfo del movimiento surrealista y, por supuesto, una prueba irrefutable del genio de Ernst.

El Ángel del Hogar o el Triunfo del Surrealismo. Max Ernst. 1937 - Óleo sobre Lienzo (114 x 146 cm) - Colección particular
El Ángel del Hogar o el Triunfo del Surrealismo. Max Ernst. 1937 - Óleo sobre Lienzo (114 x 146 cm) - Colección particular

En 1924, este ya selecto grupo se amplió con la incorporación de otros artistas y figuras literarias, entre ellos los escritores Paul Éluard, Robert Desnos, Georges Bataille y Antonin Artaud; los pintores Joan Miró e Yves Tanguy;  los escultores Alberto Giacometti y Meret Oppenheim  y los cineastas René Clair, Jean Cocteau y Luis Buñuel. Pero Breton, con su carácter volátil, era célebre por su inconstancia a la hora de admitir nuevos miembros al movimiento, y no dudaba en excomulgar a aquellos que ya no compartían su visión particular del surrealismo. Desnos y Masson, por ejemplo, fueron purgados del grupo a través del "Segundo Manifiesto del Surrealismo" de Breton en 1930, debido a su renuencia a apoyar sus objetivos políticos. Bataille, cuyo enfoque surrealista divergía notablemente del de Breton, fundó su propio e influyente grupo disidente, el Collège de Sociologie, que publicó periódicos y organizó exposiciones a lo largo de la década de 1930.


Para comprender el resto de este fascinante viaje, no dejes de leer nuestro próximo artículo: Surrealismo, movimiento artístico: Expansión Global y Artistas Contemporáneos.

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