
Alberto Giacometti: Vida y obra. De la soledad posguerra a su legado escultórico universal
Alberto Giacometti: Vida y obra. De la soledad de la posguerra a la trascendencia de su legado escultórico universal.
(Sem Penalidade CLS)
Índice do Artigo
Tras su regreso a París al concluir la guerra, Giacometti pronto descubrió algo fascinante: sus obras previas, y las filosofías existencialistas que las inspiraban, gozaban ya de una notable popularidad en la capital francesa.
Sus nuevas piezas resonaron profundamente con los sentimientos generalizados de desasosiego y soledad que impregnaban la atmósfera de la posguerra.
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Muy solicitado por museos y coleccionistas, su obra le valió el honor de exposiciones individuales en la vibrante ciudad de Nueva York, primero en 1948, luego en 1950. ¡Un éxito rotundo!
A lo largo de la década de 1950, su trabajo continuó una evolución incesante. Las esculturas se hicieron más grandes, más esbeltas y, sí, más complejas en su diseño.
Aparte de ello, también llevó a cabo una serie de retratos oscuros y penetrantes de miembros de su familia. ¿Los protagonistas? Su esposa, Annette, con quien se casó en 1949, y su hermano Diego, principalmente.
Retrató, igualmente, a algunos de sus amigos cercanos. Nombres ilustres como Jean Genet, Henri Matisse e Igor Stravinsky pasaron por su lente y pincel.
Para 1965, Giacometti, ya de renombre global, gozaba de un sinfín de oportunidades en esa etapa madura de su existencia.
Se embarcó en una serie de trabajos ilustrados para obras de autores contemporáneos, entre ellos Paul Éluard. Pero su genio no se detuvo ahí: también puso su arte al servicio de clásicos venerados del pasado, como Cervantes y Balzac.
Un momento cumbre llegó en 1962: fue galardonado con el Gran Premio de Escultura en la prestigiosa Bienal de Venecia.
Este fue, sin duda, un hito monumental en su carrera. ¡Imaginemos el significado! El artista anhelaba con reverencia participar en esta bienal, desde que su padre lo había llevado por primera vez a aquel festival, años atrás.
Dos años más tarde, la racha continuó: recibió el Premio Internacional Guggenheim de Pintura. Y, como broche de oro, se sucedieron importantes retrospectivas de su obra en la Galería Tate de Londres y en el influyente Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Lamentablemente, para entonces, su salud ya se había deteriorado considerablemente. El declive era palpable.
Alberto Giacometti nos dejó. Falleció de agotamiento cardíaco el 11 de enero de 1966, en Chur, Suiza.
OBRAS DESTACADAS
GALERÍA
EL HOMBRE QUE SEÑALA - La obra, imponente, fue realizada en bronce y mide 177,5 centímetros de altura.
Forma parte de una serie de seis piezas. ¡Atención! Es la única que Giacometti pintó a mano.
Esta famosa escultura encarna, de manera magistral, la filosofía existencialista.
En mayo de 2015, la casa de subastas Christie's de Nueva York elaboró una lista de las diez obras de arte más caras jamás vendidas en subasta. Y, ¿saben qué? Incluyó tres esculturas... ¡solo de Giacometti!
Entre titanes como Pablo Picasso, Edvard Munch y Andy Warhol, la obra El Hombre que Señala se erigió en el tercer puesto, vendiéndose por la impresionante cifra de 141,28 millones de dólares.
Una marca histórica: fue considerada, hasta ese momento, la escultura más cara jamás subastada.
“Empecé a trabajar de memoria... Muchas veces las figuras se volvían tan pequeñas que con un toque desaparecían en polvo." (ALBERTO GIACOMETTI)
EL ÚLTIMO RETRATO
El escritor James Lord, cronista sagaz del arte del siglo XX, solía trabar amistad con los artistas sobre quienes escribía. Una anécdota imperdible: en 1964, en París, el escultor y pintor Alberto Giacometti le pidió a Lord que posara para un retrato. Lo que el artista originalmente propuso como un día de trabajo se extendió, ¡sorprendentemente!, por casi tres semanas. No, no fue una eternidad en la imaginación, sino un inconveniente real y una experiencia sustancial, tan profunda que Lord luego la plasmó en un libro de memorias titulado “Un retrato de Giacometti”.
Este fascinante largometraje, una adaptación del libro de memorias Un retrato de Giacometti de James Lord, fue dirigido por el talentoso Stanley Tucci.
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