
Antoni Gaudí: Vida y Obra. La gestación de un estilo único y sus primeros pasos.
Antoni Gaudí: Vida y Obra. Un acercamiento a los orígenes de su genio, cómo se forjó su estilo inconfundible y la huella imborrable que dejó en sus primeras creaciones.
(Sem Penalidade CLS)
Las primeras creaciones de Gaudí, forjadas durante su época de estudiante y el período inmediatamente posterior, ya revelaban su sello: una exactitud milimétrica en los detalles, un manejo magistral de la geometría y una primacía de lo mecánico en sus cálculos estructurales.
En sus años de formación universitaria, Gaudí dio vida a diversos proyectos; entre ellos, un pabellón universitario fechado en 1877.
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Apenas concluyó sus estudios en la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona, en 1878, Gaudí ya trazaba sus diseños combinando el estilo Victoriano con el Morisco o Mudéjar –una simbiosis entre el arte musulmán y el cristiano, tan arraigada en España–.
Hablamos de superficies que cobraban vida con piedra o ladrillo moldeado, paneles cerámicos y estructuras metálicas adornadas con motivos florales o reptilianos, tal como puede admirarse en esta construcción del Parque Güell:

Desde 1902, los proyectos de Gaudí se desprenden de cualquier etiqueta arquitectónica convencional, para forjar su impronta original: la Arquitectura Equilibrada. Una estructura, decía el arquitecto, concebida para sostenerse por sí misma, sin apoyos internos ni externos. Exactamente, como un árbol se alza.
Durante su etapa más prolífica, las obras maestras se sucedían sin tregua: la Torre Bellesguard, el Parque Güell, la restauración de la Catedral de Palma de Mallorca, la Iglesia Colònia Güell, la Casa Batlló, la Casa Milà (conocida como La Pedrera) y, como culmen, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.
Lo asombroso es que la grandiosidad de la arquitectura de Antoni Gaudí coincidió, por decisión personal del maestro, con una progresiva reclusión del propio hombre. Aquel Gaudí joven, asiduo a teatros, conciertos y exposiciones de arte, un dandi de gustos exquisitos, fue, poco a poco, descuidando su aspecto personal. Comía con frugalidad, se alejaba de la vida social. Paralelamente, se entregaba con una devoción cada vez más ferviente a un profundo sentimiento religioso y místico.
Gaudí encontró un final trágico el 10 de junio de 1926. Fue arrollado por un tranvía mientras realizaba su paseo vespertino habitual desde la Iglesia de Sant Felip Neri hasta la Sagrada Familia. Tras el impacto, perdió el conocimiento. Nadie, al principio, sospechó que aquel anciano desaliñado, sin documentos de identidad, fuera el afamado arquitecto. Lo trasladaron al Hospital de la Santa Cruz, donde fue, al fin, reconocido por el Sacerdote de la Sagrada Familia. Dos días después, recibió sepultura en esa misma iglesia, tras un funeral multitudinario. La mayoría de los barceloneses se volcó para despedir al arquitecto más universal que la ciudad había visto nacer.
Gaudí, el artífice que esculpió Cataluña con mosaicos vibrantes, trazos audaces, un sentido estético abrumador y, por qué no decirlo, una chispa de locura… Su legado, esté donde esté, es testimonio irrefutable de un maestro. Incomprendido en su tiempo, sí; pero ovacionado por las generaciones venideras y considerado, con justicia, uno de los verdaderos pilares de la arquitectura.
Es obvio que Gaudí y su obra seguirán cautivando la imaginación de las generaciones futuras. Quién sabe si para ellas, este gran arquitecto será reconocido, oficialmente, como San Antoni Gaudí.
PRINCIPALES OBRAS
Para adentrarse en el resto de este periplo, le invitamos a nuestro próximo artículo: Antoni Gaudí: Vida y Obra. Las obras maestras que esculpieron Barcelona y el mundo.
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