Auguste Rodin: El Apogeo Artístico y la Turbulencia Personal (Capítulo 2/3)
Grandes Artistas Arquivo

Auguste Rodin: El Apogeo Artístico y la Turbulencia Personal (Capítulo 2/3)

Auguste Rodin: El Apogeo Artístico y la Turbulencia Personal (Capítulo 2/3)

A

Arthur

Curadoria Histórica

Compartilhar:
Publicidade (Active View 100%)Espaço AdSense em LazyLoad
(Sem Penalidade CLS)

El genio, con devoción ardiente, entregó su alma a la vasta tarea de pintar el techo de la capilla más célebre del orbe.

Rainer Maria Rilke, Rose Beuret y Auguste Rodin en Meudon (1906).

Asombrosamente, la empresa lo mantuvo atado por más de cuatro años, bajo condiciones que rayaban en lo asfixiante.

Patrocínio
Publicidade (Active View 100%)Espaço AdSense em LazyLoad
(Sem Penalidade CLS)

Rodin, implacable, labró otras esculturas monumentales en los años subsiguientes. Entre ellas, honores pétreos a titanes de la literatura francesa: Victor Hugo y Honoré de Balzac.

El Monumento a Victor Hugo, sin embargo, jamás tomó la forma que Rodin había esculpido en su mente. Y el de Balzac, para desazón del maestro, fue rotundamente rechazado por la comisión responsable.

Una Visita Trascedental

Corría el año 1903 cuando su estudio, ese santuario de arcilla y bronce, recibió una visita de hondo calado. Un hombre; uno de los escritores más sutiles, hondos y perspicaces de la Europa del siglo XX: Rainer Maria Rilke. Su propósito: tejer un estudio pormenorizado de la obra de Rodin, destinado a los lectores alemanes.

Largas, profundas, se extendieron las conversaciones entre aquellos dos titanes del arte.

Apenas unos meses después, Rilke dio a la luz su ensayo:

"Rodin es un ser de primera magnitud, un emblema que domina la época, un ejemplo insólito, un prodigio que irradia desde la lejanía. Mas, a pesar de todo, no es más que un hombre inefablemente solo, un anciano sumido en la soledad de su senectud." 

Un año después, compartían espacio en Meudon. El escultor, que siempre batalló con la pluma, encontró en el escritor alemán Rilke el secretario ideal, a quien confió, sin reservas, su correspondencia entera.

Rodin, entonces, le abrió su alma:

"No tengo amigos; mi senda es la soledad. Pero sé, con certeza inquebrantable, que en mi arte Dios me es cercano. Me aproximo a Él sin sombra de temor. Siempre lo he discernido, siempre lo he abrazado. El destino de mi obra, te lo confieso, tampoco me desvela; ningún mal puede brotar de ella para mí. Quien logre comprenderla, se verá libre de la miseria que arrastra a la humanidad." 

De pronto, el genio detrás de obras como "El Beso" y "La Mano de Dios" se detuvo en seco.

El 15 de julio de 1916, una enfermedad repentina lo postró, sumiendo al escultor en un estado de semi-inconsciencia.

Presintiendo el final inminente, la Academia, en un gesto postrero, deseó honrarlo, elevándolo a la categoría de uno de sus miembros.

La votación estaba prevista para el 23 de noviembre.

Pero, apenas seis días antes, en medio del estruendo de la Gran Guerra, una congestión pulmonar segó la vida de Rodin.

Rindió su último aliento el 17 de noviembre de 1917, en Meudon, Francia. Esto, apenas unos meses después del fallecimiento de su leal compañera, Rose Beuret.

El Imborrable Legado de Rodin

Aclamado ya por más de un siglo, Rodin se erige, incuestionable, como el faro de la escultura moderna.

Sus reproducciones salpican el globo, de punta a punta. Su legado, vivo y pujante, sigue siendo objeto de estudio, de una admiración profunda, por otros artistas, expertos, académicos y, por supuesto, por los más refinados conocedores de arte.

La historia, densa y tormentosa, entre Auguste Rodin y Camille Claudel se extendió por más de una década, dejando una huella imborrable en el alma misma de sus creaciones. Ella, trágicamente, fue recluida en un asilo por su propia familia, donde permaneció hasta el último de sus días, a los 78 años. Rodin, mientras tanto, escaló cumbres de éxito, erigiéndose en el maestro escultor que hoy celebramos. Y aunque las sombras de la duda aún planean, sugiriendo que varias de sus obras cumbre pudieron haber sido concebidas y labradas codo a codo con Camille, su relación trascendió, convirtiéndose en un implacable crisol de análisis para las composiciones y la labor artística de ambos.

El Museo Rodin

El Museo Rodin abrió sus puertas en agosto de 1919, ocupando una majestuosa mansión parisina que, en sus postreros años, había sido el estudio del propio artista.

Tras varios años de meticulosa reconstrucción, el museo resurgió, reabriendo sus salas al público el 12 de noviembre de 2015, una fecha que, no por casualidad, coincidía con el aniversario del artista.

Gran parte de sus ingresos, cabe señalar, proviene de la venta de réplicas en bronce, meticulosamente fundidas a partir de los moldes originales.

El espacio museístico, además, honra con sus piezas a la formidable escultora  Camille Claudel;  quien fuera, a un tiempo, amante, musa y asistente de Rodin por un periodo significativo.

Para desentrañar el resto de esta apasionante travesía, los invitamos a continuar con nuestro próximo artículo: Auguste Rodin: Obras Inmortales, Análisis y Legado (Capítulo 3/3).

Publicidade
Publicidade (Active View 100%)Espaço AdSense em LazyLoad
(Sem Penalidade CLS)

Instagram

@arteeartistas
© 2016 - 2026 Arte e Artistas desenvolvido por Agência WEB Solisyon • Todos os direitos reservados.