
Joan Miró, su vida y obra: El maestro surrealista, las guerras y su expansión internacional
Un recorrido por la vida y obra de Joan Miró: su etapa como maestro surrealista, el impacto de las guerras en su producción y su fulgurante ascenso a la escena internacional.
(Sem Penalidade CLS)
Índice do Artigo
En 1929, Miró inicia su andadura amorosa, casándose con Pilar Juncosa. Tiempo después, nacería su hija Dolores.
En 1930, expone en París sus papiers collés, obras que, pocos meses más tarde, le valdrían el encargo de la decoración y el vestuario para los ballets de Montecarlo, con coreografía de Massine y música de Bizet.
(Sem Penalidade CLS)
En 1937, con la patria española ya azotada por la guerra, colabora con Picasso y Julio González en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París.
Fue entonces cuando Picasso pintó el Guernica; la guerra, por cierto, ya había golpeado a la patria española. Pocos lo saben, pero Miró también creó una obra para esa exposición: "El Segador", conocida asimismo como "El payés catalán en rebeldía" . Fue una de sus creaciones más imponentes, con 5,5 metros (18 pies) de altura, y se la considera una de las más relevantes del artista. Sin embargo, misteriosamente, fue destruida o se perdió en 1938. Solo unas pocas fotografías en blanco y negro sobrevivieron a su desaparición. Se dice que Miró lamentó profundamente la pérdida de 'El Segador'. En 1978, Josep Lluís Sert, arquitecto del Pabellón Republicano y de la fundación del artista en Barcelona, le entregó una gran reproducción fotográfica de la obra. Miró, según el recuerdo del arquitecto, recibió la fotografía "como si de un hijo perdido se tratara". Se sentó en silencio, observándola, pensativo y profundamente apenado.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial marcó el comienzo de su serie más célebre, titulada Constelaciones. "Fue un trabajo largo y duro. Unas formas me sugerían otras que, a su vez, exigían nuevas para equilibrarlas. Y estas, otras más... ¡Un cuento de nunca acabar!", confesaría Miró con su peculiar lenguaje y acento.
De la Segunda Guerra Mundial datan algunas de las obras más líricas y célebres de Joan Miró: aquellas que componen la serie "Constelaciones", en las que parece conjurar cielos enteros, buscando sobreponerse a la furia ciega desatada por el conflicto bélico.
Fue gracias a la elaboración de esta serie de obras que Miró logró subsistir sin naufragio espiritual en aquel infierno colectivo. Lo declara él mismo: "Propositadamente me encerré en mí mismo: la noche, la música, las estrellas, a partir de entonces, desempeñaron un papel mucho más relevante en mi pintura".
En 1941, Miró expone sus trabajos en el continente americano. Se le reconoce mundialmente en una primera retrospectiva que reúne 73 lienzos, una muestra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
A partir de 1944, Miró inicia sus trabajos con la cerámica y la escultura. Su enfoque era particular, utilizando materiales poco convencionales, como, por ejemplo, la chatarra.
Tras ocho años de ausencia, regresa a París y expone en la galería de un nuevo Marchand, Maeght, quien, años más tarde, fundaría su propia Fundación.
Después de dedicar estos años a la cerámica y el grabado, en 1959 regresa a la pintura. París le brinda, entonces, el merecido reconocimiento con una gran exposición antológica, que reúne 241 obras en el Museo de Arte Moderno. Numerosos honores y premios se suceden, destacando el encargo del gran mural cerámico para el Guggenheim de Nueva York.
En 1969 llegó el turno a la Madre Patria de reconocer su valor. Realiza en Barcelona una retrospectiva con 396 obras en el Hospital de Santa Creu, el mismo lugar que había acogido la muerte de Gaudí, su célebre paisano.
El Grand Palais de París, en 1974, acoge una muestra de su escultura, cerámica y pintura, bajo nada menos que el patrocinio del Gobierno francés. Al año siguiente, se inaugura la Fundación Miró. Él, mientras tanto, pintaba incansablemente, sea a lápiz o a pincel. Cuanto más se acortaba la vida y sus fuerzas, mayores resultaban sus lienzos y murales.
El mundo entero se rinde a su arte, con antologías que celebran el aniversario del artista. Madrid, por su parte, le encarga el gran mural del Palacio de Congresos y bautiza con su nombre la plaza contigua. Además, realiza dos esculturas de 12 metros cada una en Chicago y Kansas City, y otra de 22 metros en Barcelona.
El 30 de noviembre de 1981, a las tres de la tarde, despegó de Palma el avión que llevaría a Miró por última vez a Barcelona para ultimar algunas esculturas. El 17 de diciembre regresaba exhausto a Palma. Seis días después, una trombosis marcaba el principio del fin. Cuanto más viejo se hacía, mayores eran sus proyectos, y más difíciles de llevar a cabo.
Miró y su arte sobrevivieron a los conflictos de las dos grandes guerras, ganando un reconocimiento internacional definitivo. Pintor de rojos intensos, azules vibrantes, verdes y amarillos, de personajes y fantoches a la vez sabios, infantiles e inquietantes, falleció a las tres de la tarde de un día de Navidad, el 25 de diciembre de 1983, en Palma de Mallorca. Tenía 90 años. Rico y exitoso, fue celebrado en todo el mundo como uno de los más grandes artistas del siglo XX.
"Él fue el más surrealista de todos nosotros", llegó a decir el líder del movimiento, el escritor André Breton.
Para comprender el resto de este apasionante viaje, continúa en nuestro próximo artículo:
Joan Miró y su obra: El Legado Eterno y la Galería de Obras Maestras.
(Sem Penalidade CLS)









