
La Escuela de Atenas de Rafael Sanzio: Interpretación, Composición y sus Filósofos Centrales (Parte 2)
La Escuela de Atenas de Rafael Sanzio: Interpretación, Composición y sus Filósofos Centrales (Parte 2)
(Sem Penalidade CLS)
La Escuela de Atenas, encarna la Filosofía
La Escuela de Atenas. Rafael Sanzio - c. 1510-1511. Fresco (440 × 770 cm) - Estancia de la Signatura, Palacio Apostólico, Vaticano
(Sem Penalidade CLS)

La Escuela de Atenas dibuja la interpretación de la filosofía; no solo como una rama del saber, sino como la esencia misma del pensamiento filosófico y la búsqueda incansable de la verdad. Este fresco, que nos muestra una imponente reunión de filósofos griegos absortos en diversas actividades, es, sin lugar a dudas, un ejemplo cimero del arte renacentista y se alza como la obra cumbre de Rafael.
En la pintura descubrimos a cerca de sesenta filósofos griegos, todos ellos dispuestos en un vasto salón. Unos conversan, otros debaten teorías intrincadas, mientras algunos se sumergen en cuestiones matemáticas. Rafael, con maestría, empleó líneas de contorno y cúpulas, junto a líneas de perspectiva real, para cincelar cada figura. ¡Una escenografía arquitectónica de perspectiva impecable! Las personalidades se organizan allí, cual actores en un drama milenario.
La mayoría de las figuras, sí, son masculinas; y se presume que encarnan a la totalidad de los filósofos griegos más relevantes. Rafael, en un gesto de profunda reverencia, también incrusta imágenes de estatuas dentro de la propia escuela, recordándonos la capital importancia de la escultura en la antigua Grecia. Destaca, por ello, la figura de Apolo, dios heleno de la luz, el tiro con arco y la música, quien sostiene una lira. La otra, Atenea, diosa griega de la sabiduría, aparece en su forma romana: Minerva.
Una curiosidad más, y no menor, es la propia edificación. Se representa en forma de cruz griega, con las figuras en primer plano y el interior que se abre en un vasto retroceso tras ellas. Los personajes, tan diversos, se desparraman por escalones y pasarelas, mientras el fresco se enmarca majestuosamente por un arco romano adornado con delicados arabescos.
Inmortalizados justo en el punto de fuga central, ese que divide la monumental arquitectura de la Escuela en dos mitades simétricas, aparecen las figuras magnas de la obra: Platón y Aristóteles. La composición entera, con su compleja trama visual, se anuda indisolublemente a la filosofía de estos dos titanes del pensamiento. ¡Fíjense bien! Platón se nos muestra descalzo, con ropajes de una sencillez casi ascética. Aristóteles, en cambio, calza sandalias y viste una túnica más elaborada, con sutiles toques dorados. Sabiduría antigua, de Platón la defensa de la filosofía teórica y abstracta; de Aristóteles, la empírica y natural.
A la derecha, sereno y profundo, Platón. En su mano izquierda, una copia encuadernada del Timeo. Lo vemos como un anciano sabio, de cabellos plateados. Su mano derecha apunta hacia lo alto, un gesto inequívoco hacia el mundo de las Ideas. ¡Qué contraste con su discípulo! Aristóteles, más joven, mira con atención a su maestro. Lleva consigo una copia de la Ética a Nicómaco en su mano izquierda, y avanza un paso por delante de Platón, el libro ligeramente inclinado hacia abajo, símbolo del mundo terrenal. Platón gesticula hacia la bóveda celeste; Aristóteles, en cambio, dibuja un plano horizontal frente a las figuras. Conversan, sin duda, con una profundidad inaudita.
En la misma línea que Platón, pero a la izquierda, la figura imponente de Sócrates. Observamos que dialoga, con esa chispa que le era propia, con atenienses comunes; quizás sean sus alcibíades. Más abajo, en primer plano, se revela Pitágoras, concentrado, escribiendo y exponiendo sus ideas ante un grupo de discípulos absortos. Sentado en el primer plano, absorto en sus cavilaciones, hallamos al filósofo Heráclito, a quien se le considera el progenitor de la dialéctica. Y, entre las contadas mujeres que adornan esta vasta escena, bien podemos intuir que se trata de Hipatia de Alejandría, la primera matemática del orbe occidental. Hipatia se distingue por su vestimenta blanca, ubicada justo por encima y muy cerca de Pitágoras.
Para desentrañar el resto de esta fascinante odisea visual, no dejen de leer nuestro próximo artículo: La Escuela de Atenas de Rafael Sanzio: Diógenes, Euclides y los retratos ocultos de los maestros (Parte 3).
(Sem Penalidade CLS)









