Las célebres Majas de Francisco de Goya
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Las célebres Majas de Francisco de Goya

Un acercamiento íntimo a las célebres 'Majas' de Goya, obras que desafiaron convenciones y tejieron leyendas, revelando el audaz espíritu del pintor y los misterios de su tiempo.

A

Arthur

Curadoria Histórica

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Estas dos representaciones de las Majas son, sin lugar a dudas, las piezas más reconocidas del artista español Francisco de Goya, concebidas entre 1800 y 1807.

Poco se sabe, a ciencia cierta, sobre el origen de la modelo que posó para Goya, y menos aún de las anécdotas que han circulado a su alrededor.

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Entre esas narraciones, escogemos aquí, a modo de introducción, la más intrigante, aunque envuelta en la neblina de la incertidumbre:

"En tiempos de la Inquisición Española, pintar a una mujer desnuda era una osadía, poco habitual. Goya, sin embargo, se atrevió con La Maja Desnuda. Se dice que el cuerpo y el juvenil rostro de la modelo pertenecían a Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, la influyente Duquesa de Alba, de quien se murmuraba, además, que era amante del propio pintor.

La leyenda cuenta que alguien alertó al marido de ella, el Duque de Alba, de que Goya estaba retratando a su esposa sin velos. Como noble español que era, exigió presentarse en el estudio del artista para verificarlo y, de paso, salvaguardar su honor.

Al día siguiente, cuando el Duque cruzó el umbral del taller, se encontró con el retrato de su esposa completamente ataviada, superpuesto al primero: La Maja Vestida. Se rumorea que Goya, con una celeridad asombrosa, pintó este segundo lienzo aquella misma noche para acallar el escándalo."

La Maja Desnuda y La Maja Vestida  son, sin duda, obras de una sensualidad palpable, que plasman la imagen de una mujer desinhibida, audaz.

Aunque se ha confirmado que el lienzo de La Maja Desnuda, se ocultaba tras la versión vestida, ambas causaron no pocos quebraderos de cabeza al artista; de hecho, en 1808 fueron confiscadas.

El verdadero problema no residía en la desnudez en sí, sino en la ausencia de pretextos alegóricos o mitológicos que pudieran justificar el retrato de una mujer sin ropajes. En la España de entonces, la representación del desnudo solo hallaba tolerancia si se vinculaba a temas de la mitología o si conllevaba una enseñanza moral explícita.

La Maja Desnuda...

La Maja Desnuda de Francisco de Goya, 1800
La Maja Desnuda. Francisco de Goya. 1800 - Óleo sobre lienzo (98 x 191 cm) - Ubicación: Museo del Prado, Madrid

La Maja Desnuda se erige como la primera figura femenina en la historia de la pintura en mostrar vello púbico, un detalle que subraya su audacia y originalidad sin precedentes.

Más aún, no nos hallamos ante una imagen mitológica, sino frente a una mujer de carne y hueso; una representación moderna que Édouard Manet replicaría, tiempo después, en su trascendental cuadro Olympia.

Por esta razón, La Maja Desnuda despierta tanto interés entre los numerosos visitantes del Museo del Prado, a la par que su compañera, La Maja Vestida.

Un sinfín de especulaciones envuelven el velo de misterio de su génesis.

Todo apunta a que ambas Majas fueron un encargo del influyente primer ministro Manuel de Godoy, durante el reinado de Carlos IV, destinadas a adornar su gabinete junto a la Venus del Espejo de Diego Velázquez y La Venus de Urbino, joya de la Escuela Veneciana del siglo XVI, obra de Tiziano.

Poseer estas obras de desnudos femeninos, dadas las persecuciones que acarreaban, reafirmaba su posición de poder. Pero Godoy, en su cima, no tenía nada que temer; era, al fin y al cabo, el hombre más influyente de la nación.

Se menciona, asimismo, la legendaria posibilidad de que la modelo fuese la Duquesa de Alba, con quien Goya mantuvo un vínculo íntimo desde que ella enviudó y ambos se trasladaron a Sanlúcar de Barrameda.

Cierto es que el rostro no concuerda con el de las Majas. Sin embargo, es palpable que los rasgos faciales están estereotipados, siguiendo la línea de sus diseños para tapices, precisamente para evitar que las modelos fuesen identificadas.

La Inquisición, con su mano férrea, citó a Goya ante sus tribunales por las Majas y la serie de grabados de Los Caprichos. Curiosamente, el asunto se zanjó gracias a la intervención de una figura poderosa, presuntamente el Cardenal Don Luis de Borbón o, en última instancia, el mismísimo Rey Fernando VII.

Desde una perspectiva pictórica, esta obra se distingue por el protagonismo de los tonos verdes, en vibrante contraste con el blanco y el rosa.

La pincelada no es tan extendida como cabría esperar del estilo habitual del artista, salvo en los volantes de los cojines. La figura, en cambio, se presenta en primer plano, ejecutada con minucioso detalle, un claro reflejo de un deseo ferviente por complacer al enigmático cliente que la encargó.

La Maja Vestida...

La Maja Vestida de Francisco de Goya, c 1800.1807
La Maja Vestida. Francisco de Goya. c 1800.1807 - Óleo sobre lienzo (97 x 190 cm) - Ubicación: Museo del Prado, Madrid

Las Majas bien podrían catalogarse como las obras maestras de Goya, no solo por la leyenda que las envuelve, sino por la fuerza intrínseca de sus imágenes.

La Maja Vestida, si bien menos afamada, es tan cautivadora en su belleza como La Maja Desnuda.

Para no pocos amantes del arte, La Maja Vestida resulta incluso más atrayente, debido a su postura provocadora y al exquisito traje que delinea su figura. Y es que, como bien se sabe, a menudo la insinuación velada, el erotismo contenido en la vestimenta, puede ser más potente.

Goya nos presenta a la misma modelo, ataviada con un vestido vaporoso que insinúa una procedencia aristocrática – dada la hechura de cuello alto –, reclinada sobre un sofá de cojines mullidos. Su postura es inequívocamente sensual, con los brazos elegantemente dispuestos detrás de la nuca.

Las pinceladas que Goya emplea aquí son más sueltas, más fluidas y extensas que en su compañera desnuda.

El formato horizontal de ambos lienzos permitió a Goya captar, en las dos versiones, la figura femenina desde un ángulo de visión íntimo y cercano.

La luz se distribuye armoniosamente sobre el cuerpo ataviado, realzando los pliegues de los tejidos y destacando la piel pálida de la mujer.

Hacia 1803, las dos pinturas pasaron a engrosar la colección de arte del primer ministro de España Manuel de Godoy.

Se cuenta que Godoy las utilizaba para decorar su gabinete, dotado de un ingenioso mecanismo de resorte que permitía intercambiar los dos lienzos a voluntad. Así, según la visita que recibiera, el primer ministro exhibía una u otra, adaptando la visión a sus invitados.

Obras mencionadas...

Olympia de Édouard Manet, 1863
Olympia. Édouard Manet. 1863 -  Óleo sobre lienzo (130,5 x 190 cm) – Ubicación: Museo de Orsay, París (Francia)
Venus al Espejo de Diego Velázquez, 1647
Venus al Espejo. Diego Velázquez. 1647 - Óleo sobre lienzo (1,22 x 1,77 cm) - Ubicación: National Gallery, Londres
Venus de Urbino de Tiziano, 1538
Venus de Urbino. Tiziano. 1538 - Óleo sobre lienzo (119 x 165 cm) - Ubicación: Galería de los Uffizi, Florencia, Italia
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