Emiliano Di Cavalcanti: Legado, Obras y Sus Musas
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Emiliano Di Cavalcanti: Legado, Obras y Sus Musas

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A

Arthur

Curadoria Histórica

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Años 60. El entonces presidente João Goulart lo designa agregado cultural en Francia. Acepta. Parte a París, pero nunca asume por el golpe de 1964.

En 1966, sus obras —desaparecidas a principios de los cuarenta— reaparecen, localizadas en los sótanos de la Embajada brasileña. Su cincuentenario artístico se celebra con incontables homenajes. Es justo.

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Mulata en la Playa. 1972 Emiliano Di Cavalcanti
Mulata en la Playa. Emiliano Di Cavalcanti. 1972

El pintor declaró, tajante:

"Seguiré pintando hasta la muerte porque, más allá de los bienes que obtengo con mi imaginación, nada más ambiciono." (Di Cavalcanti)

Falleció el 26 de octubre de 1976 en Río de Janeiro. Su obra, gigantesca, moldeó la estética del modernismo y del arte brasileño.

EL ARTISTA Y SU OBRA: Emiliano Di Cavalcanti

Al hablar de Di Cavalcanti, su relevancia en Brasil y más allá es innegable. Su estilo, tan genuinamente brasileño, revolucionó el mundo del arte sin ataduras.

Recibió influjos del expresionismo, el cubismo y los muralistas mexicanos. De ahí nacieron temas puramente brasileños, como nuestro samba. Sus lienzos muestran fiestas populares, obreros; la esencia de la nación.

Apasionado de la bohemia carioca, retrató a la mujer. Sus lienzos captaron distintos momentos, con una mirada renovada para la época. Especialmente, a las mulatas. Eso, siempre.

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Mulata. Emiliano Di Cavalcanti. 1957
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Mujeres facetadas. Emiliano Di Cavalcanti. 1968

La obra de Di Cavalcanti se puebla de temas sociales brasileños: fiestas populares, obreros, las favelas, protestas. Pero, el tema "Mujer" fue siempre su obsesión, en todas sus facetas.
El MAC (Museo de Arte Contemporáneo) atesora, además de pinturas, una serie de más de 500 dibujos que abrazan el período desde los años veinte hasta 1952: grafitos, guaches, tintas chinas, acuarelas. Donados, generosamente, por el propio artista.

Marina Montini. Emiliano Di Cavalcanti. 1969

En muchas de sus mulatas emerge Marina Montini,  modelo y actriz brasileña. Su gran musa. La conocían como la “mulata de Di Cavalcanti”. Y así fue, durante años.

El pintor la descubrió a finales de los sesenta, en un reportaje de la Revista Manchete. El flechazo fue instantáneo. Él no paró hasta convencerla de posar para él. Y lo hizo casi a diario, de 1969 a 1976.

En una entrevista de los noventa, Marina recordaba: el pintor no pagaba gran cosa. Pero ella posaba. Lo consideraba encantador, inteligente. En los pinceles de Di Cavalcanti, la modelo –la mulata más célebre del país en los setenta– se transformó. Era menuda, delgada; sin embargo, en sus lienzos él la dotaba de piernas fuertes, robustas.

Marina Montini. Emiliano Di Cavalcanti  (Grabado). 1973

En el grabado Mulata con Pájaro, reconocemos a Marina Montini. Es ella, sin duda. Su gran musa. Intercambiaron años de complicidad, en el arte y en la vida íntima. Algunos susurran que fueron amantes. Tras la muerte del artista, la modelo se hundió en una profunda depresión, cayendo en el alcoholismo. El lazo entre la musa y el pintor la marcó de por vida. El apogeo de su carrera llegó a su fin, y con él, los problemas de salud: complicaciones de cirrosis. La ruina financiera la alcanzó también. Desde 1976, se vio obligada a residir en el Retiro de los Artistas, en Jacarepaguá (RJ). Murió en 2004. Tenía 58 años. Sola. Olvidada.

 

El cineasta Glauber Rocha,  admirador confeso de Di Cavalcanti, le rindió un homenaje único durante su velatorio. Ante la protesta familiar, sí. Osó celebrar el entierro del estimado pintor con aires festivos, carnavalescos. Despojó a la muerte de su peso cultural. Rompió el ambiente de dolor. Lo cambió por un aura de alegría.
Desafiando el tabú de la muerte, revelando facetas de la vida del pintor, y su propia conexión con él, Glauber Rocha filmó la muerte... y, en verdad, terminó filmando la vida misma.

Romper el tabú de la muerte: un acto tan impactante que la familia, aún hoy, prohíbe la exhibición del documental. El cineasta lo justificó: "Carnavalizar la muerte, y exaltar los aspectos vitales de Di Cavalcanti, es la más hermosa forma de homenaje que encontré. Despreciar el significado de la muerte es superarla con los recuerdos de la vida. Es afirmar que la vida y la obra de Di Cavalcanti fueron tan magníficas, tan constructivas, que su fallecimiento se convierte en un simple pretexto para celebrar la vida, el legado del pintor, el cual prevalecerá."

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