
Henri de Toulouse-Lautrec: Obras Comentadas y la Efervescencia Postimpresionista
Henri de Toulouse-Lautrec: Obras Comentadas y la Efervescencia Postimpresionista
(Sem Penalidade CLS)
Henri de Toulouse-Lautrec: ARTE COMENTADO

En este autorretrato, el pintor no ofrece al espectador indicio alguno de su crecimiento atrofiado ni de sus rasgos desfigurados desde la pubertad. Su condición congénita, a raíz de varios accidentes, había mermado seriamente su desarrollo. La parte superior de su cuerpo se había desarrollado con normalidad; sus piernas, sin embargo, permanecían delgadas y frágiles.
(Sem Penalidade CLS)

Una pintura que Henri realizó a los dieciséis años, donde retrata a su padre. Por aquel entonces, estudiaba con el profesor René Princeteau, un verdadero experto en la pintura de caballos.

Este es uno de los retratos que el artista capturó en un instante de quietud de su madre, absorta en la lectura. La veneración del pintor se filtra, diáfana, por toda la obra.

Su manejo de líneas expresivas y fluidas, que con frecuencia derivaban en puro arabesco, cristalizó en composiciones de un ritmo intenso, tal como se aprecia en esta pintura. La simplificación extrema en el contorno y el movimiento, sumada al uso de amplias áreas de color, convierte a sus carteles en algunas de sus piezas más contundentes.

Es una obra cumbre del artista francés, presentada en 1899 en el Salón de los Independientes. En ella, el pintor capta en primer plano al banquero Henri Fourcade, ataviado de gala en un baile de máscaras. Su silueta oscura, que avanza con las manos en los bolsillos hacia el espectador, se enmarca contra un fondo vibrante, salpicado de personajes coloridos con rasgos distintivos que otorgan una vivacidad asombrosa a la composición.

La impronta naturalista de Edgar Degas se siente con fuerza en esta significativa obra. El encuadre de la escena y ese punto de vista elevado nos transportan, sin remedio, a los magistrales pasteles del impresionista, a quien Lautrec idolatraba. Como su "hermano mayor" artístico, Henri exhibía a las mujeres "sin artificios", casi como si espiase por el ojo de la cerradura. Pero su distinción con Degas reside en la profunda humanidad con la que las observó y plasmó.
Esta pintura se presentó bajo el nombre de "Rousse" en una Exposición en Bruselas en 1890. Este título, una elección del propio artista, evoca su predilección por las modelos pelirrojas, a quienes inmortalizó durante toda su vida.
Señorita Dolly

A finales de la década de 1890, Lautrec se retiró a Normandía y, poco a poco, reencontró su apetito por la vida. Se estableció en Le Havre y frecuentó el Star, un modesto café-concierto que servía de refugio a los marineros. Dolly, una joven camarera inglesa de una vitalidad singular, lo impulsó a retomar los pinceles, dando como fruto este hermoso retrato.
El circo

Henri de Toulouse-Lautrec: GALERÍA




(Sem Penalidade CLS)









