
Las Meninas de Diego Velázquez
Las Meninas de Diego Velázquez
(Sem Penalidade CLS)
Las Meninas de Diego Velázquez, cumbre ineludible de la Historia del Arte y estandarte del estilo Barroco. De proporciones colosales, esta es, sin duda, una de las obras más analizadas y comentadas en todo el orbe artístico.
Por su composición de una complejidad abrumadora, Las Meninas nos lanza al abismo del cuestionamiento: ¿qué es realidad? ¿Y qué es mera ilusión? Conviven aquí espacios reales y virtuales, tejiendo una realidad fantástica que, sí, cautiva y despierta una curiosidad insaciable en el observador.
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El lienzo tiene como eje central a la infanta Margarita de Austria, la primogénita y única hija superviviente de los reyes, quienes tuvieron innumerables vástagos que, lamentablemente, perecían por diversas causas. Aunque la pintura presente un elenco de personajes, incluido el mismísimo Velázquez, sumerjámonos en su análisis:
Para Diego Velázquez, un titán indiscutible del Barroco, no entrañó dificultad resolver los intrincados problemas de composición espacial, armonía y demás elementos. ¡Claro! Poseía una maestría inigualable en el tratamiento del color, especialmente en ese juego magistral de luces y sombras que danzaban en cada tono, algo clave entonces para esculpir el alma de cada personaje en este lienzo.
Para inmortalizar a los ilustres padres de la infanta Margarita, el Rey Felipe IV y Mariana de Austria, su esposa, el artista recurrió a un espejo, allí al fondo del cuadro, que capta sus imágenes. Según algunos historiadores, la pareja podría estar irrumpiendo en la sesión de pintura, o bien posando para ser inmortalizados por Velázquez. En este último escenario, serían la pequeña infanta y sus acompañantes quienes estarían contemplando la majestuosa pintura de sus monarcas.
En el plano más profundo, descubrimos a un hombre que bien podría estar entrando o saliendo de la escena, quien infunde luz a la escena al mover la cortina que adorna el espacio. Y los cuadros que cuelgan en lo alto, ¡ah!, esos no podemos ignorarlos, pues formaban parte del inmenso acervo palaciego.
Dicen, y con razón, que Velázquez "pintaba el aire". En verdad, era un investigador incansable de tratados de óptica, donde escudriñó el conocimiento para alcanzar ese efecto etéreo que la distancia, la luz y otros agentes proyectan sobre las formas y los colores en su pintura.
La pintura nos desvela un aposento del Palacio del Real Alcázar de Madrid, ¡un instante capturado durante el reinado del Rey Felipe IV de España! Diego Velázquez, recordemos, era el pintor de cámara de la corte española, con una cercanía asombrosa al monarca.
En esta obra, ¡qué fascinante!, algunas figuras retratadas fijan su mirada más allá del lienzo, hacia nosotros, los observadores, mientras otras interactúan con una gracia natural. La joven princesa está rodeada por su séquito: damas de compañía, una enana, guardias y un perro. ¡Todo un universo! A la izquierda del cuadro, el propio pintor, Velázquez, se sitúa en plena efervescencia creativa, observando y plasmando la escena en un lienzo gigantesco. Todo apunta, y como ya desvelamos al hablar del espejo, a que Velázquez ha tomado a los monarcas como su tema central, y que todas las figuras presentes en esta obra, sin excepción, contemplan a la pareja real que se encuentra frente a ellos.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, nació un 06 de junio de 1599, en Sevilla, ¡en nuestra amada España! Fue un importantísimo pintor y conservador principal de la corte del Rey Felipe IV entre las décadas de 1640 y 1650. Quedó grabado en la historia como uno de los principales retratistas del Barroco, periodo que abarca el fascinante siglo XVII.
¡En España, su nombre se pronunciaba con veneración! Era un erudito incansable y conocedor profundo de las artes en general. Gran parte del tesoro que hoy alberga el Museo del Prado en Madrid, incluyendo innumerables pinturas del Renacimiento, fue adquirido durante el periodo en que Velázquez ejerció como conservador de esta venerable institución. Falleció en Madrid, el 06 de agosto de 1660.
Esta pintura, ¡oh, prodigio!, sirvió de faro, de musa inagotable para la recreación de incontables artistas: Picasso, Salvador Dalí, Edgar Degas, Francisco de Goya, Vik Muniz, y tantos otros. Entre ellos, destacamos los siguientes genios:

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