
Biografía de Anita Malfatti: La Polémica de 1917 y el Modernismo Brasileño (Capítulo 2)
Biografía de Anita Malfatti: La Polémica de 1917 y el Modernismo Brasileño (Capítulo 2)
(Sem Penalidade CLS)
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En 1917, la artista regresó a Brasil. Ahora, esa libertad expresiva, esa audacia al componer con formas, la enlaza con la crítica nacionalista que ya traía hacia los modelos foráneos. Una conjunción potente.
De aquel periodo, joyas como Tropical y Caboclinha.
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Esas obras se congregaron en su segunda individual. ¡Qué decir de ella! La célebre: Exposición de Arte Moderno de 1917.
El 20 de diciembre, esa individual polémica, con 53 piezas.
Allí, precisamente allí, conoció al escritor Mario de Andrade; forjaron una amistad robusta, de las que marcan.
Innovadora. Revolucionaria. La muestra causó un auténtico revuelo. ¡Y vaya si lo hizo! El escritor Monteiro Lobato, por entonces influyente crítico de arte del diario O Estado de São Paulo, arremetió sin piedad contra el arte de Anita en un artículo titulado “¿Paranoia o mistificación?”
La acogida de sus piezas fue heterogénea, para no decir caótica. Nadie entonces calibraba la trascendencia de aquella muestra para el porvenir artístico de Brasil. Sin embargo, así se forjó Anita, la gran precursora de nuestro modernismo.
Para algunos, la exposición olía a fracaso. ¡Pero qué equivocados estaban! Para otros, fue un imán, acercando a intelectuales y artistas inquietos. Todos ellos cuestionaban esa academia anquilosada que todavía reinaba en el país.
El veredicto de Monteiro Lobato no se hizo esperar: la élite paulista rechazó, de plano, la propuesta de Anita.
El establishment confiaba ciegamente en las opiniones, en los gustos personales del autor de Urupês. El impacto fue brutal, inmediato. Un escándalo mayúsculo. Cuadros devueltos. Hubo incluso un intento de agresión a la pintora. La muestra cerró antes de lo previsto.
Con el tiempo, aquellos meros “rótulos” de modernismo en Brasil, tan influenciados por el “Lobatinho”, se fueron desmitificando. La exposición de Anita Malfatti, sí, funcionó como la mecha de una bomba. El movimiento explotó, ¡vaya que explotó!, en la Semana de Arte Moderno de 1922, desatando una modernidad artística mucho más libre, expresiva, conceptual, profundamente poética.
Semejante reacción, a ojos de algunos, golpearía la confianza de la artista, dejándole una marca violenta en su trayectoria. Para otros, sin embargo, Anita ya venía jugueteando entre esquemas formales más realistas y soluciones que coqueteaban con el modernismo internacional.
Tras la crítica despiadada de Monteiro Lobato, la pintora se sumió en una profunda depresión. Pasó un largo tiempo, vacío de inspiración, incapaz de empuñar un pincel.
La decepción de la exposición de 1917 la llevó a un punto de inflexión. Anita se acercó a la expresión tradicional, optando por tomar clases con el pintor y profesor académico Pedro Alexandrino.
Sus pinturas, a partir de entonces, viraron hacia un realismo más marcado.
Ya conocía a Tarsila do Amaral, quien por aquellos años residía en Europa. Ambas pintoras mantenían un epistolario nutrido.
Anita mantenía a su amiga al tanto, siempre bien informada de todo lo que bullía en Brasil.

Hacia 1921, espoleada por el grupo de visionarios que gestaba la Semana de Arte Moderna (Menotti Del Picchia, Oswald de Andrade y Mário de Andrade), Anita reavivó su interés por los lenguajes de vanguardia.
Llegó, por fin, el anhelado 1922. Y con él, la Semana de Arte Moderno de São Paulo. Anita, ni corta ni perezosa, expuso de nuevo las mismas pinturas de 1917; además, ¡sorpresa!, sumó algunas obras frescas.
El impacto fue tremendo. El crítico de arte Sérgio Milliet, allí presente, la consideró, sin ambages, la artista más sobresaliente de la muestra.
Anita Malfatti, claro, formaba parte del Grupo de los Cinco, un colectivo que, además de ella, incluía a Mario de Andrade, Tarsila do Amaral, Oswald de Andrade y Menotti Del Picchia.
El dibujo de Anita Malfatti que verás aquí, captura el espíritu del Grupo de los Cinco: esos amigos que lo revolucionaron todo en la historia del arte brasileño. Anita se representa dormida en el sofá; los escritores Oswald de Andrade y Menotti Del Picchia también duermen (en el suelo), mientras Tarsila do Amaral y Mário de Andrade se deleitan tocando al piano una melodía...

En 1923, Anita Malfatti, por fin, obtuvo lo que se le había resistido en 1914: la beca del Pensionado Artístico del Estado. ¡Rumbo a París! Allí permaneció un lustro. Anita no renegó del modernismo, no, pero sí evitó su arista más rupturista.
En París, se acercó a las vanguardias. El fauvismo, sobre todo, la sedujo.
Regresó a Brasil en 1928, y allí su interés viró hacia temas regionalistas, hacia la pintura primitiva. Un retorno a las formas tradicionales: la pintura renacentista, sí, y también ese encanto singular de la arte naïf.
De los años 40 en adelante, la pintora se dedicó a temas de la vida popular. Y así continuó, fiel a su elección.

En 1963, apenas un año antes de su partida, celebró una individual en la Casa del Artista Plástico. Aquel fue también el último homenaje en vida: una retrospectiva exhaustiva de toda su labor.
El 6 de noviembre de 1964, en São Paulo, Anita Malfatti falleció. Pero dejó un legado inestimable para el arte brasileño. Introdujo un nuevo estilo de pintura que, a pesar de la fuerte resistencia inicial, poco a poco, fue calando e influyendo a toda una nueva generación de artistas. Un cambio trascendente.
- Anita Malfatti
OBRAS PRINCIPALES
- LA BOBA
Para desentrañar el resto de esta apasionante trayectoria, te invitamos a continuar con nuestro próximo artículo: Biografía de Anita Malfatti: Obras y Legado Artístico (Capítulo 3).
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