
Biografía de Auguste Renoir y sus obras esenciales: la madurez, su vida privada y los desafíos
Biografía de Auguste Renoir y sus obras esenciales: la madurez, su vida privada y los desafíos
(Sem Penalidade CLS)
Renoir consideraba el desnudo la expresión artística más imprescindible, solía decir: "es imposible concebir algo más hermoso."
Esta pintura acentúa la gracia de la silueta, a la vez que suaviza los contornos y los colores se funden, creando una armonía cautivadora.
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En una charla con sus amigos, Degas dejó caer: "Los desnudos que jamás se habían mostrado en público parecen ser descubiertos a escondidas, contemplados con una mirada lasciva. Podría ser. He visto algunas de esas imágenes. Pero no poseen, ciertamente, la naturalidad ni la frescura de los cuerpos y las mujeres desnudas de Renoir." (Edgar Degas)
En 1880, en una lechería donde solía comer, Renoir conoció a Aline Charigot. La amistad, con el tiempo, se transformó en amor, y Aline se convirtió en su modelo y compañera de por vida.

En 1879, en la sede de la revista La Vie Moderne, Renoir inaugura su primera exposición individual. Poco a poco, se distancia de los impresionistas. A partir de 1881, se abre paso el llamado "periodo áspero" o "agrio", conocido así por algunos al hablar de su obra. Renoir comienza a valorar más el contorno de las figuras y los colores se vuelven más opacos. Aunque lo recordemos como impresionista, dedicó a este movimiento solo una porción breve de su vida. Hacia finales de la década de 1870, declara que la experiencia impresionista estaba, en parte, agotada; prefiere, desde entonces, explorar libremente otras vías artísticas.
En 1881 viajó a Argelia con su amigo Corday para conocer la tierra que tanto había inspirado a Delacroix. Allí, en Argelia, plasmó diversas estampas paisajísticas y retratos de mujeres argelinas.

En 1884, cuando Aline esperaba a su primer hijo, el artista decidió trasladarse a un nuevo taller y a un apartamento distinto donde nacería su primogénito, Pierre. A partir de entonces, Renoir se volcó por completo en su vida familiar; su esposa y sus hijos se convertirían en sus modelos preferidos.
Entre 1885 y 1886, Renoir pintó distintas versiones de la maternidad, todas ellas intensas y desbordantes de encanto. Madre e hijo son el leitmotiv de numerosos óleos, pasteles, dibujos a la sanguina, al creyón y a la pluma.
En el apogeo de su carrera, hacia 1890, Renoir empezó a padecer reumatismo, una cruel enfermedad que no le daría tregua. Con la esperanza de encontrar alivio

En 1903, tras un tiempo en Le Cannet, alquiló un espacioso apartamento en la Maison de la Poste, en Cagnes. Desde su ventana, divisaba la ciudad y sus alrededores bañados por el sol provenzal, los colores cálidos resaltados por la cercanía del mar. A pesar de las maravillas naturales que lo rodeaban, los temas predilectos de Renoir seguían siendo su esposa y sus hijos: Pierre, Jean (el futuro cineasta, nacido el 15 de septiembre de 1894) y Claude, apodado "Coco", quien vino al mundo el 1 de agosto de 1901, cuando su padre ya contaba sesenta años.
De 1907 a 1910, Renoir pintó varios retratos de Gabrielle, una joven campesina de Essoyes, a quien contrataron para asistir a Aline después del nacimiento de Jean. A partir de entonces, se incorporó a la familia y, durante muchos años, se convirtió en la modelo predilecta del pintor.
En junio de 1914, el asesinato del archiduque austríaco Franz Ferdinand desencadenó el estallido de la guerra mundial. Francia movilizó a sus hombres en agosto: Pierre se alistó en el 4º Regimiento de Infantería y Jean pasó a ser sargento artillero en el 1º Regimiento de Dragones. Con sus dos hijos en el frente, la mente de Renoir solo podía estar con ellos.

Tras semanas de angustiosa espera por noticias en vano, el pintor supo que ambos habían sufrido heridas graves. Pierre, que combatía en Lorena, fue trasladado al Hospital de Carcasona y Jean se recuperaba en Gérardmer. Aunque aliviados con la noticia de que los muchachos estaban vivos, Renoir y Aline no dejaban de preocuparse por ellos. Aline fue a visitarlos, pero regresó agotada y profundamente perturbada por los horrores de la guerra. Al volver a casa, enfermó y jamás se recuperó. Ingresada en un hospital de Niza, falleció el 28 de junio de 1915.
En 1917, Renoir recibió la visita de un joven pintor, Henri Matisse, quien, visiblemente interesado en estudiar la obra del célebre maestro y trasladar sus ideas sobre el color a una nueva era, comenzó a frecuentar su casa y, a pesar de los casi treinta años de diferencia entre ambos, terminó por forjar una amistad con él.
He leído, en alguna ocasión, que Matisse observaba, con una tristeza palpable, cómo Renoir, con los pinceles atados a sus manos, o apenas sujetando una brocha con las yemas de los dedos, seguía pintando, a pesar de confesar que sentía punzadas de dolor en cada movimiento. Cuentan, incluso, que un día Matisse preguntó a Renoir por qué persistía en la pintura a costa de tanto sufrimiento y semejante tortura, y él respondió:
Renoir respondió: "No lo sé, pero sé que te necesito para seguir pintando."
Para comprender el resto de esta trayectoria, no deje de leer nuestro próximo artículo: Biografía de Auguste Renoir y sus obras esenciales: El Legado, la Gloria y la Galería Final.
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