
Biografía de Pedro Américo: Infancia, Formación y Primeros Viajes
Biografía de Pedro Américo: Infancia, Formación y Primeros Viajes
(Sem Penalidade CLS)
Pedro Américo se erigió como uno de los pilares más influyentes de la pintura académica en Brasil.

No solo eso; fue romancista, poeta, científico, teórico del arte, ensayista, filósofo, político y docente. Su biógrafo y nieto, Cardoso de Oliveira, lo describió así: "genuinamente brasileño, de mediana estatura, enjuto, moreno y pálido; ojos y cabellos negros, un aire melancólico y sereno; rostro expresivo, marcado por cejas pobladas, un tupido bigote y unas gafas inseparables. Tal es, a grandes rasgos, el modesto aspecto físico de tan insigne figura".
(Sem Penalidade CLS)
Pedro Américo de Figueiredo e Melo vio la primera luz en la ciudad de Areia, Paraíba, el 29 de abril de 1843.
Creció en un hogar vibrante de arte; su padre, un violinista apasionado, le inculcó el amor por la música y el dibujo mediante libros de arte. Así, el joven Américo se imbuyó de las pinturas y las biografías de los Viejos Maestros.
Pronto reveló un talento precoz para el dibujo. Su habilidad era tan notoria que muchos lo señalaban como un niño prodigio.
En 1852, una expedición científica al noreste de Brasil, bajo la batuta del naturalista francés Louis Jacques Brunet, arribó a Río. Su líder no tardó en visitar la casa de Pedro Américo, deseoso de conocer su obra.
Incluso puso a prueba su destreza pidiéndole al muchacho que copiara algunos objetos.
Los resultados lo dejaron tan asombrado que lo contrató como dibujante auxiliar para su expedición científica. Su tarea sería documentar pictóricamente la flora, la fauna y los paisajes descubiertos durante el trayecto.
Pedro Américo aún no había cumplido los diez años cuando, con la bendición paterna, emprendió aquella expedición de veinte meses.
Su labor como dibujante en esa aventura fue tan impecable que le valió un puesto en la Academia Imperial de Bellas Artes. Sin embargo, al ser demasiado joven para ingresar de inmediato, su admisión se pospuso un año.
Durante aquel compás de espera, asistió al Colégio Pedro II en Río de Janeiro, donde se sumergió en latín, francés, portugués, aritmética, dibujo y música.
En 1856, dio el paso hacia el curso trianual de Dibujo Industrial en la Academia Imperial de Bellas Artes.
Allí, en la academia, pulió su habilidad como dibujante y pintor, y su progreso fue meteórico.
Destacó como alumno excepcional, cosechando numerosas medallas por su dedicación y talento.
El Emperador Don Pedro II, un gran amante y mecenas de las artes en Brasil, conoció el talento de Pedro Américo. Quedó cautivado por sus habilidades y, aun antes de que el joven artista concluyera sus estudios, el emperador le otorgó una beca para formarse en Europa.
Pedro aceptó la beca de viaje. Sus condiciones: a cambio de una financiación por tres años, asistiría a la Escuela de Bellas Artes de París, se sometería a las rigurosas disciplinas de la Academia y enviaría con regularidad las obras terminadas —estudios del natural y copias de lienzos de los Viejos Maestros— para documentar su progreso e inquietudes.
Para cualquier artista, viajar a Europa y asistir a esa Academia representaba la máxima distinción.
En mayo de 1859, Pedro Américo pisó París, con apenas dieciséis años.
No tardó en matricularse en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de París.
En esa venerable institución, recibió la enseñanza de los grandes maestros franceses de su tiempo: el pintor neoclásico Jean-Auguste-Dominique Ingres, Hippolyte Flandrin y Horace Vernet.
Aprovechó su estancia parisina para formarse en física en el Instituto de Física de París y, además, asistió a la Universidad de la Sorbona, donde cursó arquitectura, teología, literatura y filosofía.
Obtuvo su grado en ciencias naturales por la Sorbona, defendiendo la tesis "Consideraciones Filosóficas sobre las Bellas Artes entre los Antiguos".
Hacia 1863, se trasladó a Florencia, donde residiría cerca de un año.
Tras su estancia en Italia, Pedro Américo regresó a Río después de un año para asumir la cátedra de Dibujo en la Academia Imperial de Bellas Artes.
Sin embargo, pronto volvería a abandonar Brasil. En 1865, regresó a Europa, esta vez instalándose en Bruselas, donde asistió a la Universidad y obtuvo un doctorado en ciencias en 1868.
Ese mismo año, viajó a Lisboa y se alojó en la casa de uno de sus antiguos tutores, Manuel de Araújo Porto Alegre. Allí conoció a Carlota de Araújo Porto Alegre, hija de su anfitrión, y un año después, contrajeron matrimonio.
La pareja tuvo dos hijos: una niña que llevó el nombre de su madre, Carlota, y un hijo, Eduardo.
En 1870, el matrimonio emprendió viaje a Río de Janeiro, donde el artista ofreció conferencias en la Academia Imperial de Bellas Artes.
Sus disertaciones abarcaban temas como la estética, la arqueología y la historia del arte.
Para complementar sus ingresos, también dibujaba caricaturas para una revista.
Ejecutó una serie de encargos de retratos, destacando el del emperador Don Pedro II, titulado "El Discurso del Trono".
Para comprender el resto de esta trayectoria, continúe en nuestro próximo artículo: Biografía de Pedro Américo: Obras Maestras y Legado Eterno.
(Sem Penalidade CLS)









