
Biografía de Lygia Clark: Orígenes, Neoconcretismo y las Primeras Rupturas
Biografía de Lygia Clark: Orígenes, Neoconcretismo y las Primeras Rupturas
(Sem Penalidade CLS)
Índice do Artigo
Lygia Clark, figura capital del arte brasileño y referente de la vanguardia global, trascendió los límites de la escultura, la performance y el arte educativo.
Su enfoque era una relación comprometida, un puente que unía la obra de arte con su público.
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Sus primeras telas abstractas, un comienzo, pronto cedieron paso a construcciones que buscaban quebrar el marco pictórico. Desafiaban así la separación entre la pieza artística y su entorno, anunciando, sin rodeos, una evolución del plano bidimensional hacia el tridimensional.
A estas le siguieron formas escultóricas, cada vez más orgánicas, incluso corpóreas, pensadas para ser físicamente activadas, interactuando con el espectador. Dichas creaciones se integrarían, ya al final de su trayectoria profesional, en la práctica terapéutica que la artista forjó.
BIOGRAFÍA
Lygia Pimentel Lins vio la luz un 23 de octubre de 1920 en la ciudad de Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil.
Provenía de una familia de clase alta; su educación, impartida por monjas en una escuela católica, reveló desde muy temprano su interés por el dibujo.
La infancia fue un privilegio vivido en una ciudad pequeña, sí, pero entremezclado con una opresión burguesa notoria. Su padre, con frecuencia, se mostraba violento y abusivo. Lygia, por su parte, se sentía asfixiada por las limitaciones que imponía su educación tradicional.
Ya adulta, el psicoanálisis desenterraría numerosos recuerdos dolorosos de su niñez, a menudo anclados en una profunda sensación de no pertenencia. Esta sensación se agudizó con la llegada de la adolescencia. Ella misma recordaría: "Crecí sintiéndome fuera de la familia, intentando todas las noches arrancarme mi pequeño clítoris, lo que experimenté como un signo de marginalidad".
A los dieciocho años, contrajo matrimonio con Aluízio Clark Ribeiro, un ingeniero civil. Se establecieron en Río de Janeiro.
De esa unión nacieron tres hijos: Elizabeth, Álvaro y Eduardo, entre 1941 y 1945.
La experiencia de la maternidad, sin duda, nutriría más tarde la producción de obras tan significativas como La Casa es el Cuerpo (1968), una instalación participativa que cosechó el aplauso de la crítica en el Pabellón Brasileño de la Bienal de Venecia de aquel mismo año.

Entre 1947 y 1949, estudió con el pintor y paisajista Roberto Burle Marx, una figura esencial del modernismo brasileño, y con la pintora y escultora Zélia Salgado en Río de Janeiro.
Entre 1950 y 1951 viajó a París para establecer contacto con las vanguardias europeas. Esto le permitió continuar su formación junto a Árpad Szenes, Isaac Dobrinsky y Fernand Léger.
A su regreso a Brasil, montó su primera exposición individual y recibió un prestigioso premio como mejor artista emergente del año.
En 1953, surgieron dificultades personales al desmoronarse su matrimonio, lo que condujo al divorcio.
Aquella separación, a la larga, le permitiría seguir la carrera que había elegido. Como bien observó su hijo Eduardo: "Mi madre nació rica, se casó con un hombre rico y, tras su separación, recibió 86 apartamentos, que vendió uno a uno para sustentar su trabajo."
La década de 1950 en Brasil estuvo marcada por un optimismo efervescente, resultado directo de la prosperidad económica y la estabilidad política que se vivieron bajo la presidencia de Juscelino Kubitschek, entonces presidente del país.
Río de Janeiro, en aquel tiempo, era un epicentro estimulante. Las melodías vibrantes de la Bossa Nova flotaban en el ambiente; experimentos audaces en la arquitectura modernista se gestaban; y los artistas visuales, por su parte, adaptaban el Constructivismo para concebir algo innegablemente brasileño: los movimientos Concreto y Neoconcreto.
Las primeras composiciones abstractas de Clark son, sin duda, ejemplos rotundos del arte visual que se gestó en aquella época.
En 1954, se unió al Grupo Frente, una colectividad de artistas encabezada por Ivan Serpa, entre cuyos miembros destacaban Lygia Pape y Hélio Oiticica.
El grupo, en un principio, abrazó con fuerza los ideales de la arte concreta, cuyo objetivo primario era enfatizar la abstracción geométrica.
En 1959, Lygia Clark y Hélio Oiticica aunaron fuerzas para crear el Manifiesto Neoconcreto. Este documento criticó sin tapujos la postura excesivamente dogmática de ciertos artistas concretos, abogando por un arte dotado de mayor sensualidad, color y sentimiento.
En aquella época, Lygia comenzaba a abrazar una aproximación corporal y sensorial a su obra. Una ruptura evidente con el canon modernista ortodoxo. Sus pinturas evolucionaron de abstracciones bidimensionales a estructuras tridimensionales, e incluso a objetos participativos, como la icónica serie Bichos.

A mediados de la década de 1960, su trabajo había mutado por completo. Era corpóreo, participativo y performático, sin rastro alguno de la abstracción geométrica previa.
Ya era una artista célebre a nivel internacional. Contaba con una serie de exposiciones aclamadas por la crítica, incluyendo una importante muestra individual en Londres en 1965. Y, por si fuera poco, tuvo la oportunidad de representar a Brasil en la Bienal de Venecia en 1968, donde, como ya mencionamos, presentó su instalación participativa que simulaba la experiencia de la gestación y el nacimiento: "La Casa es el Cuerpo".
Esta obra, profundamente freudiana, es un claro ejemplo de su deseo de alcanzar una comprensión espacial y psicológica del cuerpo. También, de facilitar dicho proceso de exploración a su público participante.
En 1964, un golpe de Estado en Brasil instauró un régimen militar represivo que se prolongaría hasta 1984.
A partir de la aprobación de un decreto que suspendía numerosos derechos constitucionales, la artista, al igual que muchos otros escritores e intelectuales, se trasladó a Europa. Llegó a París en 1968, solo para encontrarse con una ciudad hondamente marcada por las manifestaciones estudiantiles de aquel año.
Su trabajo, marcadamente corporal y participativo en ese período, es un claro reflejo de la tensa situación política en Brasil, y también de la reciente agitación en París.
El interés por el ambiente participativo resonó, cómo no, con el surgimiento de las formas iniciales del arte performático, los célebres Happenings, por ejemplo.
Pero la historia nos reserva un detalle, cuanto menos, peculiar: la experiencia de Lygia Clark con el arte corporal y participativo fue pionera en ser reconocida como una forma de terapia.
Para comprender el resto de este viaje, te invitamos a seguir en nuestro próximo artículo: Biografía de Lygia Clark: El Arte Corporal, el Legado Terapéutico y Obras Destacadas.
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