
Gótico americano, de Grant Wood
Una obra icónica del siglo XX que captura la esencia del regionalismo estadounidense. Este cuadro de Grant Wood, cargado de simbolismo y ambigüedad, ha generado un sinfín de interpretaciones, convirtiéndose en un hito de la Historia del Arte y un reflejo de la identidad nacional.
(Sem Penalidade CLS)
Esta pintura, sin duda, se erige como uno de los iconos artísticos más potentes del siglo XX.
Emblema del regionalismo estadounidense, esta obra de Grant Wood ha fecundado innumerables relecturas en la cultura pop y sigue deslumbrando por su vigencia.
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Para descifrar el título, basta con dirigir la mirada hacia la casa que se yergue detrás de los dos personajes; su ventana ostenta un estilo gótico que remite, precisamente, al nombre de la obra.
La composición nos presenta a una mujer joven, de vestimenta recatada y mirada esquiva, parada junto a un hombre mayor, quien luce una chaqueta oscura sobre un mono de trabajo y una camisa sin cuello.
Este hombre calvo, con gafas, empuña un horcón de tres púas —una herramienta ya anticuada en su momento— y clava la mirada en el espectador.
La inclusión de este horcón, ¿no es curiosa? Casi diríamos que se alza como un personaje más, por derecho propio, dentro de la escena.
Sus púas, insólitamente, apuntan hacia arriba, una postura que cualquier agricultor, por tradición, las hubiera clavado con firmeza en la tierra.
Tal detalle ha suscitado infinidad de interrogantes sobre el verdadero calado de esta creación.
La forma del horcón, ¡ahí está la clave! Sugiere una lectura simbólica de virilidad y sexualidad, algo que en el puritano Medio Oeste era lisa y llanamente sinónimo de perversión.
Detrás de ellos, una modesta casa blanca. En medio de las cabezas de la pareja, destaca una ventana gótica, decorativa.
Las cortinas de la ventana, curiosamente, repiten el patrón del vestido femenino, mientras que en el porche, justo por encima del hombro de la mujer, asoman unos maceteros con plantas.
Un telón de fondo arbolado, de un verde intenso, insinúa quizás la torre de una iglesia, y junto a ella, un granero rojo completa la escena.
Dos días antes de que abriera sus puertas la exposición del Instituto de Arte de Chicago, donde la tela vería la luz, el Chicago Evening Post ya publicaba la imagen, dando la primicia.
Aquellos sujetos impasibles —a quienes muchos tomaron por matrimonio— encendieron un interés formidable. Wood, sin apenas esperarlo, se volvió célebre en todo el país, casi de la noche a la mañana.
El artista, tajante, aclaró: 'Quise retratar a una hija y un padre, no a una pareja, como tantos suponen.'
Sencillamente, imaginó a unas personas y las bautizó como 'góticas estadounidenses' por posar frente a una casa de ese estilo, sin hacer, en esencia, nada por disipar la inherente ambigüedad de la obra.
Los modelos para esa singular pareja, eso sí, fueron su dentista Byron McKeeby y su hermana menor, Nan Wood Graham.
Las lecturas de su representación de los 'tipos' del Medio Oeste, tan arraigadas en el folclore estadounidense y las faenas agrícolas de Iowa, suscitaron, en su momento, reacciones de lo más encontradas.

La acogida de la obra y su andadura posterior no hacen más que reflejar la curiosa imprecisión de esta imagen, a primera vista, tan directa.
Plantea más interrogantes que certezas.
Su título se autoproclama 'americano', ¿pero qué tiene, exactamente, de emblemáticamente estadounidense?
Los debates en torno a la identidad nacional, tan candentes durante la época de madurez de la carrera de Wood, jugaron un papel clave en la lectura de su obra.
Los años 30 fueron testigos de una marcada retracción del creciente cosmopolitismo, tal como lo describió la historiadora de arte Barbara Haskell: 'una potente tensión en la cultura popular' que evidenciaba 'una pronunciada reverencia por los valores comunitarios, el trabajo duro y la autoconfianza, vistos como pilares del carácter nacional y plenamente encarnados en los pequeños pueblos y granjas estadounidenses.'
Quizás sea precisamente por la ambigüedad de la pintura, y no a pesar de ella, que la enigmática pareja de Wood se ha erigido en icono.
Un sinfín de lecturas dispares son posibles, lo cual no hace más que acrecentar el misterioso atractivo del cuadro, ya de por sí uno de los hitos cruciales en la Historia del Arte.



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