
Movimiento: Renacimiento o Renacencia
El Renacimiento, un período de esplendor que marcó el despertar de la razón, el humanismo y una profunda revolución artística en Europa.
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El Renacimiento es un período que designa el arte producido en Europa, aquel que irrumpió para sustituir a la Arte Medieval dominante hasta entonces. Fue un movimiento frontalmente opuesto a los ideales impuestos por la Iglesia, un grito que buscaba el uso de la Razón en una época de transformaciones sísmicas, donde se asentaron los principios que hoy rigen gran parte del mundo que habitamos.
Este período se caracteriza por una visión humanista, que se cimentó en el optimismo, un individualismo audaz y un naturalismo vibrante. Ese naturalismo no era otra cosa que la glorificación de lo humano, lo terrenal, en una contundente oposición a lo divino y extraterreno que había dominado la Edad Media.
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El artista renacentista se convirtió en el faro de un cambio de valores, el heraldista de una era: el hombre, por fin, se erguía como centro del universo. De ahí, precisamente, brotó el término “Humanismo”.
Podemos desglosar este período en tres fases gloriosas: Trecento, Quattrocento y Cinquecento, que corresponden, respectivamente, a los siglos XIV, XV y XVI. Las dos últimas, majestuosas, se conocen como Alta Renacencia.
Fue un despertar en toda regla: nuevas concepciones sobre las ciencias, filosofía, arquitectura, pintura y escultura. Pretendía la vuelta, con fervor, a las cumbres de las civilizaciones griega y romana. Rechazó de plano el reciente pasado medieval, con su arquitectura y arte gótico, juzgado entonces como bárbaro. Para estos maestros, la belleza se tejía con hilos de equilibrio, simetría y racionalidad.
El Renacimiento, aunque se extendió durante siglos, palpó su auténtico apogeo en la era del colosal Miguel Ángel. Él fue el punto culminante.
Giotto, el genio que habitó y trabajó en Florencia entre 1267 y 1337, es indiscutiblemente considerado el precursor. Sus pinceles daban vida a figuras y paisajes con un realismo conmovedor, inmersos en un estilo netamente naturalista. La huella de Giotto en los pintores que le sucedieron, especialmente en Masaccio, fue decisiva, introduciendo ese realismo escultórico y la solidez de la forma, principios cardinales de la pintura renacentista que, quizás, alcanzaron su clímax en las figuras monumentales de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci.
Este periodo, sin duda, es uno de los más fértiles en la Historia del Arte. Del Renacimiento brotaron los más grandes genios: Miguel Ángel Buonarroti, Rafael Sanzio y Leonardo da Vinci. Un trío inmortal, conocidos, con razón, como "La Trinidad del Renacimiento".
Si nos detenemos en lo más característico del Renacimiento, encontramos el Humanismo, pero un humanismo mucho más individualista que el de la época clásica. Y aquí, Leonardo da Vinci emerge como el hombre arquetípico del Renacimiento; en ninguna otra personalidad se encarnó tan plenamente este ideal sublime.
El redescubrimiento de las proporciones matemáticas del cuerpo humano en el siglo XV por Leonardo da Vinci y otros, se erige como uno de los grandes hitos que impulsaron el Renacimiento italiano. Basta contemplar "El Hombre de Vitruvio" para entender esta epifanía.

CARACTERÍSTICAS GENERALES:
- La obsesiva búsqueda de la perfección en la pintura y la escultura, rescatando la grandiosa cultura greco-romana;
- La inmensa valoración de las capacidades artísticas e intelectuales del ser humano (Antropocentrismo, en su máxima expresión);
- Un interés apasionado y una profunda valoración de los aspectos culturales y científicos;
- Un Humanismo que coloca al hombre, por fin, como el epicentro del universo conocido;
- Un cierto gusto por la ostentación, sí, pero siempre al servicio del arte y la belleza;
- Y, en la pintura especialmente, una predominancia clara de la horizontalidad sobre la verticalidad en sus composiciones, buscando la calma y la armonía.
PINTURA
Aquí debemos detenernos en el maestro Giotto di Bondone, pintor considerado el faro precursor del Renacimiento. Sus afrescos religiosos, conmovedores y llenos de vida, adornan infinidad de iglesias por toda Italia. En esta pintura, magistralmente, nos presenta la entrada de Jesús en Jerusalén.

Dos diferencias abismales marcan la pintura de este período: el recurso de la perspectiva, para infundir a las obras una ilusión de profundidad y volumen que nos atrapa. Y el archiconocido "claroscuro", una estrategia genial en el manejo del color que permite realzar los elementos cruciales y sumir en la penumbra los secundarios, técnica que, en su versión más sutil, se nos presenta como sfumato.
Las pinturas circulares, conocidas como "tondos", se alzaron en popularidad en la Italia del siglo XV. Aquí os presentamos dos ejemplos sublimes sobre el mismo tema:


Imprescindible es mencionar a Sandro Botticelli. Una de sus obras más emblemáticas y esenciales del Renacimiento es La Primavera, una pintura que brotó de la mitología pagana, donde deslumbran la diosa Flora y Las Tres Gracias.

ESCULTURA
Si consideramos los pilares del Humanismo, la escultura emerge como la modalidad artística que mejor representa el espíritu del Renacimiento. Fue en este período cuando la escultura conquistó una independencia sin precedentes, erigiéndose, en su mayoría, sobre una base que permitía al observador deleitarse con ella desde todos los ángulos imaginables.
Para ensalzar ese humanismo, y en un desafío audaz a la fe cristiana imperante, el desnudo se utilizó profusamente. Buscaba ensalzar las proporciones perfectas, revelando cada músculo y cada curva de la figura humana, reflejando así un naturalismo impactante.
Principales escultores: Miguel Ángel y Donatello.
Miguel Ángel, con apenas 23 años, esculpió su Baco, logrando una amalgama asombrosa: la figura esbelta de un joven unida a la gracia de los contornos femeninos. Esta escultura, que encarna al dios del vino Dionisio en la mitología griega, nos muestra una boca entreabierta, una mirada extraviada, racimos de uva en la cabeza, una copa de vino en la mano derecha y una piel de tigre en la izquierda. Es la ebriedad hecha mármol.
Datada entre 1496-1497, esta maravilla está labrada en mármol y se alza majestuosa con 2,3 metros de altura.
ARQUITECTURA
En el Renacimiento, los arquitectos, con una agudeza renovada, comprendieron que el origen de la construcción clásica residía en la geometría euclidiana, aquella que empleaba el cuadrado como fundamento de sus creaciones. Para lograr una armonía perfecta, aplicaron con maestría la perspectiva en cada uno de sus proyectos. Esto se plasmó, por ejemplo, en los palacios de planta cuadrada y de diseño plano, que a menudo incorporaban un patio central, también cuadrangular, para bañar de luz las estancias interiores de la edificación.
Principales arquitectos: Filippo Brunelleschi y Donato Bramante.
Bramante concibió las dimensiones titánicas de la Basílica de San Pedro; su construcción se inició en 1506, y quien dio continuidad a tan magna obra fue el inigualable Miguel Ángel Buonarroti, cuya contribución trasciende con creces la mera arquitectura.
La Basílica de San Pedro no es solo el edificio religioso más grande e importante de la Iglesia Católica; es, además, uno de los enclaves cristianos más visitados y venerados del mundo entero.

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