Odilon Redon: La metamorfosis del color, sus obras y un legado visionario
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Odilon Redon: La metamorfosis del color, sus obras y un legado visionario

Odilon Redon: La metamorfosis del color, sus obras y un legado visionario

A

Arthur

Curadoria Histórica

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Odilon Redon siempre sostuvo una idea: su obra, como el arte en general, debía conmover el espíritu, jamás encasillarse en una forma o terminología concreta. Lo decía sin tapujos.

Para él, lo ideal era que su arte permaneciera ambiguo, inasible. Así, el espectador ganaba el poder de mirar, de tejer su propia narrativa, de sentir la obra a su modo. ¡Una libertad total!

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El Espíritu Guardián de las Aguas - Este dibujo es puro Redon en su etapa de los noirs. ¿Cómo lograba esa magia? Manipulaba el carboncillo con una maestría que le permitía una gama riquísima de tonos y texturas. Limpiaba, raspaba, incidía, sumaba toques de tiza sobre un papel crema. A menudo, ¡dejaba zonas intactas del papel para que brillaran como puntos de luz!

Una cabeza inmensa, alzada por alas, flota sobre un mar sereno. Sus ojos, ¡enormemente expresivos!, observan un velero diminuto. Gaviotas surcan el aire, rozan la superficie acuática que se diluye hacia un horizonte lejano. Un halo sutil rodea la cabeza, imbuyendo a esta criatura extraña de un aura divina, benévola, a pesar de sus rasgos algo brutos. Con su realismo onírico, esta pieza, sin duda, se adelantó al surrealismo del siglo XX.

Espíritu Guardián de las Aguas, de Odilon Redon, obra de 1878

El Espíritu Guardián de las Aguas. Odilon Redon. 1878 - Carboncillo y tiza sobre papel - Ubicación: Instituto de Arte de Chicago

La Araña Sonriente - ¡Qué figura! Un cuerpo redondo y peludo que asoma un rostro humano, con nariz chata y una boca ancha, dibujada en una sonrisa que deja ver una hilera de dientes diminutos.

La criatura se ladea con sutileza sobre sus patas finas, como si recién hubiera bajado del techo, pendiendo de un hilo de seda.

El patrón de rejilla en el suelo genera una sensación de espacio tridimensional, sí; pero es justo ese realismo del entorno lo que intensifica, aún más, el efecto desconcertante del sujeto. ¡Contraste puro!

Una extraña araña, sonriente y de diez patas, ¡es el centro de esta pieza!

Redon tomó como base un dibujo previo a carboncillo. Pero el medio litográfico (que usa tinta grasa o creta aplicada directamente sobre una piedra lisa) le resultó igual de idóneo para indagar en las posibilidades del negro. Lo dominaba.

La Araña Sonriente, de Odilon Redon, litografía de 1887

La Araña Sonriente. Odilon Redon. 1887 - Litografía

El Cíclope - Redon, en sus pasteles y óleos posteriores a la etapa noir, solía recrear escenas de la mitología clásica. Debía conocer a fondo la versión de Ovidio sobre la historia de Polifemo, sin duda.

En su cuadro, tal como en el poema, el Cíclope cae prendado de la ninfa del mar. Pero Redon, además, no podía ignorar las aclamadas piezas de Gustave Moreau, que ya habían plasmado esta misma historia de forma trágica en los años ochenta del siglo XIX. Polifemo, aquel mítico monstruo tuerto de la Odisea de Homero, acecha tras una colina rocosa. La ninfa Galatea duerme plácidamente en su gruta, envuelta en flores.

El Cíclope, de Odilon Redon, obra de 1900

El Cíclope. Odilon Redon. c. 1900 - Óleo sobre lienzo (51x64cm) - Ubicación: Museo Kröller-Müller

Ramo de Flores - Los muchos bodegones florales que Redon pintó al final de su trayectoria son, hoy por hoy, de sus piezas más queridas y reconocibles. ¡Se han reproducido hasta la saciedad!

Aquí, un sinfín de flores de colores vibrantes, plasmadas con la delicadeza del pastel, emergen de un jarrón azul, puramente decorativo. Este se halla sobre un fondo abstracto, dominado por óxidos, ocres, violetas y rosas. El jarrón, además, luce un motivo floral y, ojo, ¡parece flotar en el espacio!, lejos de posarse sobre una superficie tangible. Mariposas diminutas revolotean el ramo.

Ramo de Flores, de Odilon Redon, pastel sobre papel, 1905

Ramo de Flores. Odilon Redon. 1905 - Pastel sobre papel - Ubicación: Museo Metropolitano de Arte (NY)

Dos Niñas entre Flores - ¡Atención a esto! El empleo de colores no naturalistas en sus últimos pasteles y óleos prefigura, de forma clara, el posterior florecimiento del expresionismo y la abstracción. Redon, a través de retratos, bodegones y composiciones decorativas, indagó en los poderes expresivos, en la capacidad de sugestión del color. Muchas de estas obras albergan pasajes puramente no objetivos, visibles a menudo en esos fondos cromáticos, etéreos, que él combinaba con sus temas figurativos.

Dos Niñas entre Flores, de Odilon Redon, obra de 1912

Dos Niñas entre Flores. Odilon Redon. 1912

"Sí, admito la necesidad de una base, esa realidad que se observa. Pero, la verdadera, ¡la pura esencia del arte!, reside en la realidad que se palpa, que se siente."

"Sí, admito la necesidad de una base, esa realidad que se observa. Pero, la verdadera, ¡la pura esencia del arte!, reside en la realidad que se palpa, que se siente."

El Pegaso Negro, de Odilon Redon, c. 1905

El Pegaso Negro. Odilon Redon (c.1905)

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