
William Turner, el adelantado del impresionismo: Obras clave y análisis de estilo (Parte 2)
William Turner, el adelantado del impresionismo: Obras clave y análisis de estilo (Parte 2)
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Turner, a lo largo de su fecunda carrera, alumbró miles de obras. Cerca de dos mil pinturas pasaron a manos de coleccionistas privados, mientras que diecinueve mil dibujos y bocetos, junto a casi trescientas pinturas al óleo, tanto terminadas como sin acabar, permanecieron bajo su custodia.
Con pasión desbordante, energía imparable y una fuerza casi telúrica, Turner se entregó al género paisajístico, confiriendo a sus temas una dimensión épica. Sus pinceladas, libres y difusas, no solo moldean torbellinos de nubes y olas, sino que también plasman esa desesperanza íntima, proyectada sobre la naturaleza; un rasgo, por cierto, medular del romanticismo.
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GALERÍA - ARTE COMENTADO
Pescadores en el mar - He aquí la primera pintura al óleo de Turner expuesta en la Royal Academy de Londres. En ella, el artista captura una escena nocturna a la luz de la luna. La sensación de la naturaleza, con su poder abrumador, se erige como un motivo central de lo Sublime. La fuerza del plenilunio contrapone la delicada fragilidad de una linterna resplandeciente, subrayando así la supremacia de la naturaleza sobre la humanidad y, específicamente, el azaroso destino de los pescadores. Las siluetas que se recortan a la izquierda son las rocas traicioneras, conocidas como "Las Agujas", de la Isla de Wight.
El Castillo Dolbadern - Con apenas veintisiete años, Turner se incorpora como miembro a la Royal Academy of Arts. Fue precisamente en esa etapa cuando concibió su primera obra significativa, El Castillo Dolbadern, expuesta en la propia academia para celebrar su ingreso. Turner elige un tema de raigambre medieval: el Castillo de Dolbadern, en Snowdonia, lugar donde un príncipe galés halló su trágico final.
El Naufragio - Turner sentía una fascinación profunda por la fuerza de los elementos: naufragios, incendios, fenómenos naturales como el sol radiante, la lluvia torrencial, las tempestades furiosas y los densos bancos de niebla capturaban su imaginación.
El ejército de Aníbal cruzando los Alpes - Se cuenta que, mientras paseaba junto a Walter Fawkes, hijo de un amigo, por los campos de Yorkshire, Turner vislumbró una tormenta inminente. El artista, señalando el horizonte, aseguró que, en breve, aquella tempestad sería la protagonista de una de sus telas. Hoy día, esta obra es tenida por una de las cumbres del movimiento romántico.
Venecia - Venecia constituía el refugio predilecto de Turner; sencillamente, adoraba la ciudad. En esta etapa, sus lienzos ya eran blanco de críticas, acusados de una supuesta falta de nitidez y de un abstraccionismo excesivo. Turner no dudaba en pintar con los dedos, arañar la superficie con las uñas o incluso lijar el lienzo con piedra pómez. Su entrega al arte era total, sin dejar resquicio para amistades o la vida social.
Stonehenge - Los célebres cielos de Turner hacen acto de presencia también en esta peculiar visión de Stonehenge. Nubes imponentes serpentean sobre las antiguas piedras, al tiempo que un rayo rasga el firmamento. El pastorcillo, tendido en el suelo, no duerme; ha sido alcanzado, segado por la descarga. La obra se erige como un hito esencial en su trayectoria, pues en ella el artista ensalza la figura del "hombre común".
Vista del mar - En sus paisajes, las fronteras que dividen el cielo y la tierra se difuminan progresivamente; la topografía es relegada, sacrificada en aras de la primacía del color. Sin discusión alguna, los efectos lumínicos son los verdaderos protagonistas de sus creaciones.
El incendio de las Casas del Parlamento - Era 1834. Un fuego voraz devoró las Casas del Parlamento, ardiendo durante horas ante la atenta —y aterrada— mirada de los londinenses. Turner, conmovido por la tragedia, realizó una serie de bocetos y lienzos que documentaban el suceso desde la perspectiva del río Támesis. En esta obra en particular, el artista nos acerca al fuego, a la multitud que se aglomeró para presenciarlo. Turner manipula el color con maestría para infundir la luz y el calor del siniestro; el propio tema de la pintura, la quema del edificio en sí, al igual que el fuego puro, encarnan uno de sus motivos predilectos, exaltando los aspectos primarios del incendio.
El Temerario - Este lienzo inmortaliza a un viejo navío de guerra, remolcado hacia la costa londinense para su desguace. Turner, con esta imagen, busca evocar un profundo sentimiento de pérdida, el ineludible fin de una era.
Mercurio enviado para advertir a Eneas - Turner se consolidó como un pionero en el estudio de la luz, el color y la atmósfera. Es innegable que sus lienzos sirvieron de fértil inspiración para numerosos impresionistas franceses. Pese a ello, Turner siempre defendió la convicción de que el arte debía, ante todo, vehiculizar temas con un interés narrativo. De ahí que, en no pocas de sus vistas paisajísticas, descubramos hilos conductores mitológicos, históricos o literarios.
Esta, por ejemplo, es una de sus postreras pinturas en la que aún se logran identificar algunas figuras. El héroe troyano Eneas se yergue a la izquierda, envuelto en su manto púrpura Tiriano. El dios Mercurio, con su caduceo y pies alados, curiosamente, podría no estar físicamente presente en la escena, a pesar de figurar en el título de la obra. Quizá ya ha alzado el vuelo, tras entregar su mensaje a Eneas, tal como narra el relato de Virgilio.

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