Dadaísmo
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Arthur

Curadoria Histórica

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El Dadaísmo, un movimiento artístico y literario, germinó en Zúrich, Suiza, y alcanzó su mayor fulgor entre 1916 y 1923.

Bebiendo de otras vanguardias como el cubismo, futurismo, constructivismo y el expresionismo, su producción se reveló asombrosamente variada: desde la performance hasta la poesía, la fotografía, la escultura, la pintura y el collage.

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La estética dadaísta, con su burla patente a las actitudes materialistas y nacionalistas, se erigió en una influencia formidable para artistas en ciudades tan dispares como Berlín, Hanóver, París y Nueva York, quienes, por cierto, no tardaron en formar sus propios círculos.

El movimiento, bien es cierto, se fue diluyendo con el advenimiento del Surrealismo, sin embargo, las ideas que gestó se erigieron en pilares fundamentales para distintas vertientes del arte moderno y contemporáneo.

La Primera Guerra Mundial, y esto, seamos francos, es sabido por todos, segó la vida de millones alrededor del planeta.

La vida misma se sentía como un infierno insoportable.

Por un lado, los cañones destrozaban cuerpos sin piedad; por el otro, una crisis económica asfixiaba hasta el último aliento vital.

El dadaísmo perseguía la creación de un estilo antiarte, una provocación sin tapujos contra el imperio de la razón y el orden preestablecido.

Obra de arte dadaísta con formas geométricas y tipografía, reflejando la estética de ruptura del movimiento.

Tal como los ready-mades de Duchamp, los dadaístas no rehuyeron la experimentación con nuevos soportes.

Pensemos, por ejemplo, en Jean Arp, escultor pionero del dadaísmo, que exploró sin límites el arte del collage y el potencial inusitado de la aleatoriedad en su obra.

Man Ray , por su parte, se deleitó con la fotografía y la aerografía, disciplinas que alejaban la mano del artista y, de paso, incorporaban la feliz colaboración con el azar.

Más allá de estos medios, los dadaístas incursionaron también en las artes literarias y escénicas.

Hugo Ball, por citar un caso, quien redactó el manifiesto unificador del dadaísmo en 1916, se adentró en la liberación de la palabra escrita.

Al liberar el texto de las constricciones convencionales de la página impresa, Ball jugueteó con el poder de las sílabas sin sentido, presentadas como una flamante forma de poesía.

A menudo, estos poemas dadaístas mutaban en performances, lo que facilitaba a esta red de artistas transitar con soltura entre los distintos medios.

GALERÍA - ARTE COMENTADO

Con la intención de mofarse de la burguesía más visceral y cínica, Marcel Duchamp   tomó una de las obras de arte más representativas, la intervino de manera cómica y culminó su gesto colocando las letras LHOOQ bajo la imagen. Al deletrear estas palabras en francés, suenan a "Elle a chaud au cul", lo que vendría a significar "Ella tiene calor en el culo". 

Obra de Marcel Duchamp 'L.H.O.O.Q.', una Mona Lisa con bigote y barba.

El dadaísmo, de igual forma, contribuyó a comunicar la procedencia cultural de un individuo a través de ciertos patrones.

Por otro lado, la gente solía pensar que este estilo artístico había influido en la guerra, ya que representaba una formidable respuesta a la Primera Guerra Mundial, al nacionalismo rampante y al racionalismo imperante.

Se empleó, además, para plasmar los sentimientos de los artistas, esa furia que brotaba de ellos ante la situación bélica.

Asimismo, sirvió para mofarse y transmitir el mensaje contra las actitudes nacionalistas.

Fotografía de una obra de arte dadaísta con elementos surrealistas y objetos cotidianos, desafiando la lógica.

La cabeza del maniquí, tallada de un sólido bloque de madera, representa una inversión de la famosa afirmación hegeliana: “todo es mente”.

Para Hausmann, el hombre es un ser de cabeza hueca, «sin más capacidades que las que el azar le ha pegado en la parte externa de su cráneo».

Obra de Raoul Hausmann, 'Cabeza mecánica (El espíritu de nuestro tiempo)', un maniquí con objetos pegados.

Los dadaístas plasmaban objetos de apariencia insólita, cuya función resultaba completamente enigmática.

Para complicar aún más cualquier análisis, los títulos elegidos nunca guardaban la menor relación con la función del objeto empleado.

En realidad, los artistas manifestaban su repulsa hacia la sociedad, evidenciando cómo la mecanización de esos objetos auguraba la destrucción del mundo.

Escultura dadaísta abstrata con formas incomuns, questionando a utilidade e o propósito.

El violín de Ingres es una poesía ilustrada donde el autor Man Ray nos muestra la espalda de la modelo Kiki de Montparnasse, evocando los desnudos representados por el artista neoclásico Jean-Auguste Dominique Ingres.

Su título proviene de una expresión popular francesa que significa «pasatiempo» o «hobby», en clara alusión a que Ingres solía tocar el violín como mero pasatiempo cuando no estaba inmerso en su pintura.

Fotografía 'El violín de Ingres' de Man Ray, mostrando la espalda de una mujer con las marcas de un violín.

Kiki de Montparnasse fue, además de amante de Man Ray, una destacada modelo, posando para retratos de figuras tan capitales del mundo del arte como Pablo Picasso, Tristan Tzara, Salvador Dalí y Peggy Guggenheim.

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