
Biografía de Francisco de Goya y sus obras clave: Vida, gloria y los desafíos del maestro español
Biografía de Francisco de Goya y sus obras clave: Vida, gloria y los desafíos del maestro español
(Sem Penalidade CLS)
Francisco de Goya, célebre artista español, ocupa un lugar singular en la historia del arte occidental; a menudo se le nombra como uno de los Viejos Maestros, y el primer artista genuinamente moderno. Su obra abraza la esencia del Romanticismo: subjetividad, imaginación y emoción, rasgos palpables, sobre todo, en sus grabados y lienzos.
Gracias a su producción artística, donde el drama de la existencia humana se plasma con un realismo que golpea, casi violento, Goya fue un observador perspicaz de su entorno. Su obra dialogó sin tapujos con los tumultuosos vaivenes de su era: desde las luces liberadoras del Iluminismo, pasando por las sombras opresivas de la Inquisición, hasta los espantos bélicos tras la Invasión Napoleónica. ¡Una vida turbulenta reflejada en cada trazo!
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BIOGRAFÍA
Francisco José de Goya y Lucientes vino al mundo un 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pequeño pueblo al norte de España. Fue el cuarto de seis hermanos. Tiempo después, su familia se trasladó a Zaragoza; allí, su padre ejercía el oficio de dorador.
Con apenas 14 años, el joven Goya entró como aprendiz de José Luzan, un pintor de la localidad.

En 1770, Goya partió hacia Italia, ansioso por profundizar en sus estudios de arte. Allí, obtuvo el segundo premio en un concurso de pintura celebrado en Parma, gracias a su obra Sacrificio a Pan.
Regresó a Zaragoza en 1771. Allí comenzó a estudiar con Francisco Bayeu, quien, con el tiempo, se convertiría en un gran amigo.
En 1773, Goya contrajo matrimonio con la hermana de su amigo, Josefa Bayeu. Tuvieron varios hijos; no obstante, solo uno, Javier, logró sobrevivir hasta la edad adulta.
Goya comentó en una ocasión que su hijo era tan hermoso que la gente en las calles de Madrid se detenía a admirarlo. Esto, claro, llenaba al padre de un orgullo inmenso.
Cuando su hijo enfermó, Goya plasmó en sus escritos que "dejó de vivir durante todo aquel período".
En el siglo XVIII, la Iglesia, con su vasta riqueza a disposición, se erigía como la fuente más significativa de encargos de pintura, solo superada por la corte. Su poder, prestigio e influencia resultaban casi infinitos. Fuese un mendigo o un rey, quien topara con un sacerdote portando la hostia consagrada, debía arrodillarse con reverencia.
Goya, por entonces, gozaba de una posición económica desahogada gracias a sus ingresos. Con 27 años, ya percibía casi tanto como su maestro Luzan.

En 1774, acometió su ciclo de murales más extenso, en el recóndito Monasterio Cartujo de Aula Dei. Estas obras, pintadas al óleo directamente sobre las paredes, abarcan una superficie de casi 240 metros cuadrados.
Largamente olvidado durante años, este ciclo sobre la vida de la Virgen María figura, no obstante, entre lo más fascinante de los primeros trabajos de Goya, pese a su precario estado.
Entre 1775 y 1780, Goya cosechó su primer éxito popular. Se afirmó como retratista predilecto de la aristocracia española, lo que le valió ser elegido miembro de la Academia Real de San Fernando en 1780 y, en 1786, ser nombrado pintor de corte bajo el reinado de Carlos III. Un ascenso meteórico, sin duda.
De 1789 a 1792, Goya comenzó a crear cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid. Este lapso marcó un punto crucial en su evolución artística.
Fue precisamente como diseñador de tapices que Goya realizó sus primeras pinturas de género; es decir, escenas de la vida diaria.
Las tapicerías resultantes adornaron dos palacios reales.
El artista, hábilmente, usó esta experiencia para cimentar sus conexiones en la corte española.
La experiencia acumulada lo forjó en un observador perspicaz del comportamiento humano. Nada se le escapaba.
Asimismo, el Neoclasicismo, que por entonces ganaba terreno frente al estilo Rococó, dejó su impronta en Goya.
Finalmente, su estudio de las obras de Velázquez en la colección real desembocó en una técnica pictórica más libre y espontánea.
Por esos mismos años, comenzó a dedicarse a una serie de aguafuertes. Goya se revelaría como un maestro del grabado, una vía que se volvió su canal predilecto para expresar los sentimientos más íntimos sobre el acontecer social y político de su tiempo.
Una grave enfermedad, en 1792, lo dejó con una sordera permanente. Un golpe duro, sin duda.
A raíz de la enfermedad, prefirió el aislamiento, volcándose cada vez más en las fantasías e invenciones de su imaginación, y en agudas observaciones críticas y satíricas sobre la humanidad.
Así, forjó un estilo nuevo, atrevido y libre, cercano a la caricatura. Una libertad creativa que lo definía.
Aun cuando siguió trabajando para la realeza española, su discapacidad lo llevó a un progresivo distanciamiento de la vida pública; se fue tornando, con los años, más amargado y melancólico.
Entre 1795 y 1797, ejerció como director de pintura en la Royal Academy. En 1799, fue nombrado primer pintor de la corte española, afianzándose como el predilecto de Carlos IV; la cúspide para un artista en la casa real. Una trayectoria fulgurante.
Mantuvo este cargo hasta la invasión napoleónica de 1808. No obstante, continuó recibiendo encargos del nuevo régimen tras jurar lealtad a los bonapartistas.
Aquel mismo año, vio la luz su serie Caprichos, un conjunto de grabados que satirizaban la locura y las flaquezas humanas. Un golpe directo a la sociedad.
Sus retratos se transformaron en caracterizaciones agudas, desvelando a sus modelos tal como él los percibía. Una mirada sin filtros.
En sus frescos religiosos, desplegó un estilo amplio y desinhibido, con un realismo terrenal sin precedentes en el arte sacro. Rompedor.
En el apogeo de su relación con la corte española, Goya entabló amistad con el influyente primer ministro Manuel de Godoy. Este último le encargó varias obras para su colección privada, entre ellas la célebre La Maja desnuda (The Naked Maja). Esta pintura, como era de esperar, desató una vorágine de especulaciones sobre la verdadera identidad de la modelo, alimentando rumores acerca de las relaciones ilícitas de Godoy con dos mujeres distintas y su subsiguiente interrogatorio por la Inquisición Española.
Entre 1808 y 1814, con la invasión napoleónica y la Guerra de Independencia Española sacudiendo la nación, Goya fungió como pintor de corte para los franceses.
Su horror ante el conflicto armado quedó patente en Los desastres de la Guerra (The Disasters of War), una serie de grabados de un realismo descarnado sobre las atrocidades bélicas, que, eso sí, no verían la luz hasta mucho después de su fallecimiento.
En 1812, su esposa Josefa Bayeu encontró la muerte.
En 1816, publicó sus grabados sobre corridas de toros, conocidos como "La Tauromaquia". Un álbum que sumaba 33 piezas.
Con el tiempo, la obra gozaría de varias ediciones más.
Tras la restauración de la monarquía borbónica en 1814, Goya se apartó por completo de la esfera pública; poco se sabe de sus postreros años. Se mudó a una casa de campo en las afueras de Madrid, conocida como La Quinta del Sordo (La Casa del Sordo), donde en 1821 culminó las célebres pinturas negras, obras que cubrían directamente los muros enlucidos de su morada. ¡Qué transformación!
Liberado de ataduras judiciales, adoptó un estilo cada vez más personal. Una expresión sin límites.
En las Pinturas Negras, el artista volcó sus visiones más sombrías y atormentadas. Una serie de grabados, también conocidos como Proverbios, reflejaría similar oscuridad.
En 1824, se exilió a Burdeos para huir del régimen opresor y autocrático de Fernando VII. Decisión vital.
El artista pasó el resto de sus días en el exilio francés, junto a su ama de llaves y compañera, Leocadia Weiss, y la hija de esta. Falleció un 16 de abril de 1828.

Tras la muerte de Goya, La Quinta del Sordo pasó a manos de su nieto Mariano.
Tiempo después, sus descendientes la conservaron hasta su demolición en el verano de 1909. Un triste final.
En 1876, la sección de la casa donde se hallaban las famosas Pinturas Negras fue demolida. Y es que, al ser extraídas de las paredes dos años antes, esos aposentos ya se encontraban en completa ruina. Un deterioro irrecuperable.
LEGADO
Goya mismo fue blanco de escándalos y habladurías, sobre todo en lo tocante a sus relaciones con miembros de la élite social española. Por ejemplo, se le adjudicaba un romance con la aristocrática Mária Cayetana de Silva, la XIII Duquesa de Alba, una de las figuras femeninas más célebres de España. La intriga estaba servida.
Es probable que el idilio entre ambos floreciera tras la muerte del Duque de Alba en 1796.
El artista, sin duda, quedó prendado de la altiva belleza de la Duquesa: su figura curvilínea, tez de alabastro y voluminosos rizos negros. Todo ello lo podemos constatar en uno de sus retratos más célebres...

Pintado un año después del deceso del Duque, este retrato muestra a la Duquesa en riguroso luto, ataviada con el traje tradicional de una maja, mujer famosa por su actitud descarada. Un contraste sorprendente.
Al presentarse como maja, la Duquesa buscaba un acercamiento a las masas, a pesar de su encumbrada posición social. ¡Un gesto audaz!
De pie, con una mano en la cadera, señala el suelo con la otra. Allí, Goya grabó levemente su nombre en la arena oscura, sugiriendo: "Goya está a mis pies". Un detalle sutil, pero cargado de significado.
Cuando la pintura fue restaurada, se halló la palabra "solo" junto al nombre de Goya, lo que podría implicar que el artista era su único amor. (Curiosamente, ella luce dos anillos: uno con la inscripción "Alba" y el otro con "Goya"). Una revelación enigmática, sin duda.
A pesar de que la Duquesa encargó la obra, Goya la retuvo en su poder durante 15 años. Esto podría indicar su profundo apego a la pieza y a su musa; o, quizás, la renuencia de la Duquesa a aceptar una pintura que exhibía tan abiertamente su romance. Una historia llena de matices.
Numerosas imágenes que poblarían los grabados y dibujos de Goya tras el quiebre de su relación (mujeres como tentadoras volubles, hombres como necios traicionados, amantes torturados por pasiones indomables) llevaron a los historiadores de arte a conjeturar que la Duquesa había roto su corazón. Un artista atormentado, sin duda.
Para adentrarte en el resto de esta apasionante travesía, te invitamos a continuar en nuestro próximo artículo: Biografía de Francisco de Goya y sus obras clave: Legado Artístico y Galería Comentada.
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