
Nicolas Poussin
Nicolas Poussin
(Sem Penalidade CLS)
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Nicolas Poussin, un pintor francés del siglo XVII.
Se le tiene por uno de los grandes exponentes del clasicismo en la pintura europea.
(Sem Penalidade CLS)
Poussin se hizo célebre por sus lienzos históricos, mitológicos y bíblicos, donde confluían una composición meticulosa, un equilibrio sereno y una riqueza de detalles.
Más allá de su destreza pictórica, también fue un renombrado teórico del arte.
Dejó tras de sí un corpus de cartas y ensayos donde desgranaba los principios de la pintura y la composición.
Sus ideas ejercieron una influencia indeleble en la teoría artística, sentando las bases del clasicismo en la pintura.
BIOGRAFÍA
Nicolas Poussin nació el 15 de junio de 1594 en las proximidades de Les Andelys, en Normandía.
Pertenecía a una familia noble que, sin embargo, atravesaba momentos de estrechez económica.
Recibió una educación variada, abarcando latín y letras, pero su verdadera inclinación se reveló en el dibujo.
Fue el pintor barroco francés Quentin Varin quien, al conocer su obra mientras pasaba por el pueblo natal de Poussin, lo animó a dedicarse profesionalmente a la pintura.
Sus padres, empero, desaprobaron su elección, lo que impulsó al joven Poussin a huir a París en 1612, contando apenas dieciocho años.
Al llegar a París, se zambulló en el estudio de diversas materias —anatomía y perspectiva visual, entre ellas—, al tiempo que colaboraba con artistas ya consolidados como Georges Lalleman y Ferdinand Elle.
El mercado del arte bullía entonces, con figuras como la reina de Francia de la época encargando numerosas obras para adornar su palacio, mientras terratenientes adinerados buscaban piezas religiosas originales para sus moradas.
Precisamente en París se topó por primera vez con el arte renacentista italiano, un estilo que sellaría su propio rumbo artístico.
En 1622, los jesuitas le encomendaron su primera obra, y al año siguiente, lo invitaron a crear un lienzo para la Catedral de Notre-Dame.
Aquellos encargos para los jesuitas captaron la mirada en los círculos artísticos, y gracias a ellos, el poeta de la corte Giambattista Marino lo contrató para una serie de dibujos.
En 1624, Poussin puso rumbo a Italia, donde se afincaría en Roma.
Su amigo y mecenas Marino falleció poco después de su llegada, dejándolo en una situación económica precaria.
Además, padecía de sífilis, una enfermedad de la que nunca se recuperaría del todo.
A pesar de estos contratiempos iniciales, Poussin ingresó en la academia del artista italiano Domenichino, donde aprendió a pintar desnudos y recorrió catedrales y conventos, absorto en el estudio de los maestros italianos.
Fue en este periodo cuando conoció a Cassiano dal Pozzo, quien no tardaría en convertirse en uno de sus mecenas más influyentes y un gran amigo personal.
Dal Pozzo le facilitó nuevos encargos y contribuyó a consolidar su posición como pintor de relevancia.
Asimismo, Dal Pozzo lo introdujo en los mundos de la literatura, la filosofía y la historia del arte.
Poussin también entabló amistad con otro artista francés afincado desde hacía tiempo en Italia: Claude Lorrain. Eran vecinos cercanos y, de hecho, ambos contaban con el patrocinio del Cardenal Camillo Massimo.
Poussin y Claude se embarcaron juntos en expediciones de dibujo por el interior de la Campagna, plasmando a boceto la heroica geografía romana. Poussin, además, tuvo la fortuna de tratar de cerca al poeta barroco Giovanni Battista Marino, al grabador y dibujante Pietro Testa, con quien compartía su pasión por la historia antigua y a Matteo Zaccolini, considerado un luminaria en perspectiva.
En 1630, Poussin contrajo matrimonio con Anne-Marie Dughet.
La fortuna quiso que sus ingresos fueran suficientes para adquirir una modesta vivienda en la Via Paolina.
Fue en este periodo cuando se aventuró en la pintura de paisaje, un género que carecía del pedigrí y la solemnidad de las narrativas bíblicas y mitológicas sobre las que había labrado su reputación.
De hecho, su interés por el paisaje resultaría cardinal para el devenir del género.
Su inspiración brotó de sus incursiones por la campiña romana, si bien continuó tratándolo como mero telón de fondo para historias literarias ya asentadas.
En 1639, recibió una invitación para residir en París y trabajar para el Rey Luis XIII, si bien Poussin sentía una profunda renuencia a abandonar Roma.
Solo por expresa orden real cambió Italia por Francia, arribando en diciembre de 1640.
Nombrado primer pintor del rey, sus principales cometidos consistieron en decorar la residencia real, ejecutar proyectos para la gran galería del Louvre y pintar retablos para el monarca y los miembros de su corte.
Colaborando con un vasto equipo de ayudantes, Poussin se vio frustrado por la mengua de su autonomía y por la peculiar amalgama de exigencias del rey.
En 1642, logró finalmente su anhelado regreso a Italia.
Al arribar a Roma, constató la muerte de muchos de sus antiguos clientes, aunque un número creciente de mecenas franceses le brindó el apoyo financiero necesario.
Con el paso de los años, se hizo más recluso y cobró fama de hombre bastante cascarrabias e intolerante con otros pintores.
Pese a ello, el artista defendió la labor del francés Charles Le Brun, un pintor con quien había colaborado durante tres años.
De hecho, Le Brun ejerció una influencia considerable en su cosmovisión, si bien la teoría artística que ambos desarrollaban resultó ser algo controvertida.
Le Brun, alzando la voz en nombre de su amigo, se enzarzó en una disputa con el crítico Roger de Piles acerca de la novedosa postura de Poussin respecto al color: lo que Le Brun denominó el enfoque "poussinista".
Bajo esta visión, el color se tornaría más sobrio —es decir, supeditado al tema central—, siguiendo los precedentes de aquellos pintores que cultivaban los motivos de la Antigüedad.
De Piles, en cambio, abogaba por la obra del artista flamenco Peter Paul Rubens, quien había asimilado las reglas de composición y colorido más expresivas de Tiziano y Correggio.
A partir de 1650, su salud empezó a flaquear.
Se calcula que aún pintaba cuatro lienzos al año, pero ya empezaba a sentir el temblor en sus manos.
En los años previos a su deceso, el artista limitó su producción a paisajes, donde figuras del Antiguo Testamento se insertaban en cada tela para evocar estaciones individuales.
Especialmente en estas obras, vertió su vasta erudición y su afán por representaciones complejas, alumbrando piezas ricas en significado cultural y emocional, que a la vez revelaban la armonía inherente a la naturaleza.
Tras el fallecimiento de su esposa en 1664, su salud se deterioró vertiginosamente, lo que precipitó su propia muerte al año siguiente.
Poussin exhaló su último aliento el 19 de noviembre de 1665, a los 71 años, en Roma.
Nicolas Poussin legó una huella imborrable en la historia del arte, siendo reverenciado como uno de los grandes maestros del Barroco clásico francés.
Sus obras siguen siendo apreciadas por su intrínseca belleza, su maestría técnica y su hondura conceptual.
GALERÍA - ARTE COMENTADO
La obra de Poussin bebió profundamente de la antigüedad clásica, especialmente de los frescos romanos y las esculturas griegas.
Valoraba la armonía, la proporción y la nitidez en la representación de sus motivos.
Sus lienzos a menudo exhiben figuras idealizadas en paisajes serenos y atemporales.
Autorretrato - Poussin se presenta con una estola arrojada sobre los hombros.
Su postura es firme, la mirada fija en el espectador.
Su semblante, intenso; el escenario, el propio estudio del artista.
Sobre el lienzo se lee una inscripción que reza: "Retrato de Nicolas Poussin de Les Andalys, hecho en Roma durante el año del Jubileo de 1650, con 56 años".
La Huida a Egipto - Poussin creó esta obra en 1657.
Se la considera una de las más relevantes de su trayectoria.
El lienzo representa la huida de los israelitas de Egipto, y se distingue por su composición esmerada y equilibrada.

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