
Biografía de Odilon Redon: Vida, Simbolismo e Inicio de su Carrera
Biografía de Odilon Redon: Vida, Simbolismo e Inicio de su Carrera
(Sem Penalidade CLS)
Odilon Redon, fue un pintor y grabador francés frecuentemente descrito como un pintor simbolista. Su carrera y obra se correlacionan ampliamente con este movimiento del siglo XIX. Redon, sin embargo, se veía a sí mismo como un artista independiente, nunca verdaderamente encasillado en el Simbolismo.
Sus obras visionarias se sumergen en el mundo onírico, la fantasía, la imaginación sin límites. Se hizo célebre inicialmente por sus series noirs , aquellas composiciones monocromáticas que desvelan los poderes expresivos y sugestivos del negro más profundo. Sus litografías, a menudo reinterpretando dibujos previos, fueron el puente para que su arte alcanzara a un público más vasto.
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Bertrand-Jean Redon a quien conocemos como Odilon Redon vio la luz un 20 de abril de 1840 en Burdeos, Francia. Su madre, con un cariño inmenso, le legó el dulce apodo de Odilon, una derivación de su propio nombre, Odile.
Redon empezó a garabatear, a soñar con el lápiz en mano, siendo apenas un niño. A los 10 años, ya cosechaba un premio de arte escolar. A los 15, se lanzó al estudio formal del dibujo, pero la insistencia paterna lo empujó hacia la arquitectura. Su fracaso en el examen de ingreso de la Escuela de Bellas Artes de París cercenó cualquier sueño arquitectónico, aunque más tarde tuvo el privilegio de formarse allí con Jean-Leon Gerome.
De regreso a su Burdeos natal, le sedujo el oficio de la escultura y otras disciplinas visuales, como el grabado. Sin embargo, su prometedora carrera artística se vio brutalmente segada en 1870, al alistarse para servir en la Guerra Franco-Prusiana. Con el armisticio, se trasladó a París, donde se entregó casi por completo al carboncillo y la litografía.
En 1872, cruzó caminos con Henri Fantin-Latour, maestro de quien aprendió la técnica de la litografía por transferencia. Cuando su padre falleció en la miseria en 1874, Redon, ante la necesidad, se volcó en la producción de grabados. Sus litografías, al poder ser replicadas y vendidas en grandes tiradas, le abrieron las puertas a un público considerablemente más amplio, ofreciéndole un sustento.
En 1876, el artista encontró al poeta y crítico de arte Stéphane Mallarmé, y asiduamente frecuentó las veladas en su hogar, un crisol donde conoció a innumerables escritores y artistas de aquel vibrante círculo simbolista.
En 1878, dio vida a su primera serie litográfica, In the Dream. Inmediatamente después, el reconocimiento lo abrazó con la obra Guardian Spirit of the Waters (El Espíritu Guardián de las Aguas), y en 1879, lanzó su primer álbum de litografías, bautizado Dans le Rêve.
En 1880, unió su vida a Camille Falte, y dejó escrito: "Creemos que el sí que pronuncié el día de nuestra unión fue la expresión de la certeza más completa y absoluta que jamás haya experimentado. Una certeza aún más plena que mi propia vocación". Pero la dicha matrimonial se vio trágicamente ensombrecida por la pérdida de su primogénito, quien partió a los seis meses de vida. Esta desgracia sumió a Redon en una profunda melancolía, una que él mismo, con su pluma poética, describió como "desvanecimiento melancólico".
Durante aquellos años sombríos, Redon se dedicó, casi en exclusiva, a las litografías, gestando varios portafolios pensados como eco visual de obras literarias. En los afamados Salones de Mallarmé, Redon conoció al crítico, novelista y coleccionista de arte, Joris-Karl Huysmans, quien se transformaría en un ferviente admirador de su arte. En la colección de Huysmans, un tesoro, destacaban varias piezas de Redon, entre ellas dibujos a carboncillo. Esta amistad fue vital para cimentar la fama del artista. Por aquellos días, también conoció a Paul Gauguin, quien, con una perspicacia admirable, comprendió a la perfección la visión de su amigo: "No entiendo por qué dicen que Odilon Redon pinta monstruos. Son seres imaginarios. Él es un soñador, un espíritu imaginativo."
Odilon Redon compartió sala con los impresionistas en su última exposición colectiva, la de 1886. Sus creaciones fueron un faro que anunciaba el cambio de las mareas del arte moderno, el viraje del impresionismo hacia el simbolismo, y de una mirada posada en los efímeros caprichos de la naturaleza a una inmersión en la subjetividad y la visión interior.
En la década de 1890, la obra de Redon experimentó una metamorfosis radical. Abandonó el imperio del negro y se sumergió, por fin, en los tonos pastel, abrazando el color con fervor. Algunos críticos lo achacaron a un despertar religioso, palpable en su creciente interés por temas extraídos del budismo o el cristianismo, si bien muchas de sus litografías en blanco y negro ya destilaban motivos sagrados. Más allá del soporte, la verdadera obsesión de Redon radicaba en la vivencia subjetiva de la espiritualidad, no en la mera ilustración de textos litúrgicos. El color, en su paleta, se convirtió en una herramienta más para indagar en esos reinos que escapan a la vista, usándolo con una finalidad puramente expresiva, jamás mimética.
También en la década de 1890, la inquebrantable amistad de Redon con Gauguin lo condujo al encuentro con la efervescente juventud de los Nabis (un grupo de artistas impregnados por el genio de Paul Gauguin y el postimpresionismo). Maurice Denis discernió en Redon el arquetipo de artista consolidado que, con sus herramientas formales, buscaba plasmar sentimientos personales, lo que él denominó "el estado del alma del artista". Redon, a su vez, bebió de la sabiduría de aquellos pintores noveles, abrazando el Japonismo, la fuerza expresiva del color y una nueva obsesión por lo decorativo. Muchos Nabis, entre ellos Édouard Vuillard y Pierre Bonnard, crearon imponentes proyectos decorativos, desde biombos hasta murales, y Redon, llegado el ocaso de su carrera, seguiría sus pasos.
A partir de 1900, Redon volcó su genio en los retratos, muchos de ellos encargos, así como en temas mitológicos y literarios, en bodegones florales rebosantes de vida y en la ya mencionada labor decorativa. Todo lo que entonces brotó de sus manos se inundó de colores vibrantes, exhibiendo lo que el artista surrealista del siglo XX, André Masson, bautizaría como "cromáticas líricas".
La fama de Redon, en el crepúsculo de su vida, se elevó como una estrella. En 1903, el gobierno francés le confirió la prestigiosa Legión de Honor. Una década después, en 1913, el crítico de arte André Mellerio lanzó un catálogo que compilaba sus grabados; ese mismo año, fue protagonista en el célebre Armory Show de Nueva York, presentando más obras que cualquier otro artista en aquella trascendental exposición.
Odilon Redon nos dejó un 6 de julio de 1916, una muerte quizás precipitada por la ansiedad y el profundo pavor que sentía por su hijo, quien servía valientemente como soldado en el frente de la Primera Guerra Mundial.
LEGADO
El impacto de los noirs (negros) de Redon en el arte moderno fue, quizás, aún más trascendente, pues en ellos anida su máxima originalidad y una inventiva desbordante. Los surrealistas, en particular, quedaron cautivados por la calidad onírica de aquellos carboncillos y litografías, y André Breton, su líder indiscutible, era un devoto admirador. Una piedra angular de la influencia de Redon residió en la sugestión de su arte: lejos de describirnos las cosas, el espectador es cómplice activo en la interpretación de la obra. El visionario inventor del ready made, Marcel Duchamp, sentenció: "Si debo relatar cómo fue mi propia partida, he de decir que fue el arte de Odilon Redon."
Para desentrañar el resto de esta apasionante travesía, sumérjase en nuestro próximo artículo: Biografía de Odilon Redon: La Evolución del Color, Obras y Legado Visionario.
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